"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

miércoles, 19 de junio de 2013

✿ Me infunde Nuevas Fuerzas ✿

No temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta. (Salmo 23:4).

Ver a Jesucristo como lo describe el salmo 23, indudablemente nos lleva a pensar en una relación cercana y de cuidado, sobre todo para las que hemos visto cómo un pastor convive con sus ovejas. La vara es un instrumento que el pastor usa con propósitos bien definidos, como son la dirección y el salvamento.

Dicha vara es como un bastón largo con una curva en la parte superior.

El pastor emplea el gancho de su vara para atraer con suavidad, aunque con decisión, a la oveja que pierde el camino y corre el peligro de extraviarse y ser atacada por animales depredadores. La vara es, pues, un instrumento para corregir el rumbo, para evitar un extravio. Con ella el pastor disciplina a la oveja que se resiste a regresar al camino junto al resto del rebano.

De igual modo, y contrario a lo que pudiéramos pensar, la Palabra de Dios dice: “Tu vara de pastor me reconforta”. ¿Cómo es posible que una vara, a priori considerada como un instrumento de corrección y castigo, pueda llegar a resultarnos reconfortante? Porque a pesar de nuestros desvíos sabemos que el Señor nos conduce a un lugar seguro.

Cuando asumimos el papel de ovejas y consideramos a Jesús nuestro pastor, lo aceptamos como nuestro guía y nuestro Salvador. Sabemos que, como parte del rebaño, si nos alejamos del mismo y perdemos la senda, Cristo extenderá su vara y nos traerá de vuelta. En la Biblia leemos: “Buscaré a las ovejas perdidas, recogeré a las extraviadas, vendaré a las que estén heridas y fortaleceré a las débiles [...]. Yo las pastorearé con justicia” (Eze. 34:16).

¿Alguna vez te has sentido perdida, y en medio de tu confusión no has sabido qué camino tomar? Esa confusión puede haber sido espiritual, emocional o intelectual, puede haberte hecho perder de vista lo que significas para Dios y lo que espera de ti, llevándote lejos del rebaño y del cuidado tierno de la zona de seguridad.

Recuerda: “No tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo” (Heb. 12:5-6)..

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer


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