"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

viernes, 4 de octubre de 2013

Antes de Llegar al Cielo

Hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor.
Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia.
Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca. Santiago 5:7-8
        
Llegar al Reino de los cielos es uno de los anhelos más legítimos del cristiano.
Sabemos que cuando esto suceda, nuestra accidentada permanencia en este planeta habrá terminado. Sin embargo, la espera de la venida del Reino de Dios debe ser una “espera activa”. El Señor nos insta con estas palabras: “Tú, espera en el Señor, y vive según su voluntad, que él te exaltará para que heredes la tierra” Una de las condiciones para heredar la vida eterna es que hagamos la voluntad de Dios. Únicamente podremos disfrutar y gozar nuestra permanencia en el cielo, cuando aquí en la tierra hayamos aprendido a vivir según la voluntad del Señor.
Otra condición que debemos cumplir es buscar intencionalmente a Dios. De esa manera será aquí donde comencemos una relación de compañerismo y amistad con él, y que perdure por los años sin fin en la eternidad. La Palabra de Dios dice: “Bueno es el Señor con quienes en él confían, con todos los que lo buscan” (Lam. 3:25).
Recordemos que nuestra estancia en la tierra es pasajera. Tan solo somos peregrinos que marchamos al hogar eterno. “Somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo” (Fil. 3:20). Este traslado maravilloso desde un mundo lleno de pecado a la patria celestial será una de las últimas cosas que nos conecte con este planeta. Nuestros siguientes viajes los realizaremos por el vasto e infinito universo, mientras disfrutamos de la compañía de Dios y de los santos ángeles.
Hermana y amiga, pronto estaremos en nuestro verdadero hogar. Cobremos ánimo y renovemos nuestra esperanza día a día. Es hora de preparar el equipaje del corazón, de la mente y del espíritu para ese día glorioso. “Él murió por nosotros para que, en la vida o en la muerte, vivamos junto con él. Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo” (1 Tes. 5:10-11). Hoy es un buen día para que anuncies el mensaje de Salvación a todos los que encuentres a tu paso. (Sal. 37:34).

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

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