"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

martes, 5 de noviembre de 2013

TRABAJEMOS CON CRISTO

Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Hebreos 6:10.
Cristo ha identificado su interés con el de la sufriente humanidad; y mientras él sea descuidado en la persona de sus afligidos, todas nuestras asambleas, todas nuestras reuniones y toda la maquinaria puesta en marcha para hacer adelantar la causa de Dios, serán de poco beneficio...
Todos los que serán santos en el cielo, primero lo serán sobre la tierra. No seguirán las chispas de su propio fuego; no trabajarán por la alabanza, ni hablarán palabras de vanidad; ni levantarán el dedo de condenación y opresión; sino que seguirán la Luz de vida y la difundirán, consolidarán esperanza y ánimo precisamente a los que tengan necesidad, y no censurarán ni reprenderán...
La luz rica y clara que ha brillado en nuestro camino nos ha colocado en terreno ventajoso, y debemos mejorar toda oportunidad para hacer el bien. Cristo vino de la Corte Real del cielo para buscar y salvar al perdido, y esta ha de ser nuestra obra. El celo que manifestamos en esta dirección mostrará la medida de nuestro amor por Jesús y por los demás, y de nuestra eficiencia y espíritu misionero.
Se ha encomendado una obra a cada miembro de la iglesia, y su santificación se verá en la eficiencia, el desinterés, el celo y la pureza e inteligencia con que hacen su trabajo. La causa de la humanidad y de la religión no debe retroceder. Se espera el progreso de quienes han recibido gran luz y tienen tantas ventajas.
La iglesia debe ser una iglesia activa, si quiere ser una iglesia viva. No debe contentarse meramente con mantener su posición contra las fuerzas opositoras del pecado y del error, ni debe conformarse con avanzar a paso lento, sino que debe llevar el yugo de Cristo y mantenerse al paso de su líder, ganando nuevos reclutas a lo largo del camino.
Cuando seamos verdaderamente cristianos, nuestro corazón estará lleno de mansedumbre, cortesía y bondad, porque Jesús ha perdonado nuestros pecados.
Como niños obedientes, recibiremos y apreciaremos los preceptos que nos ha dado y asistiremos a los ritos que ha instituido. Continuamente procuraremos obtener un conocimiento de Cristo –Review and Herald, 1º de mayo de 1913.

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