"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

martes, 3 de diciembre de 2013

Cambian Los Tiempos, Pero DIOS no Cambia

L
a hierba se seca y la flor se marchita, porque el aliento del Señor sopla sobre ellas. Sin duda, el pueblo es hierba. La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.

Isaías 40:7-8

Es indudable que los tiempos cambian, y cada día de manera más vertiginosa. Lo que hoy es, mañana deja de ser; y eso ocurre en casi todos los aspectos de la vida. La moda en el vestir va y viene; de pronto algunos estilos que tuvieron mucha popularidad desaparecen, y el día menos esperado, descubres que aquel vestido que se había quedado en un rincón del armario, de nuevo vuelve a ser tendencia. Ha cambiado la apariencia de hombres y mujeres a lo largo de los años.
Asimismo los nuevos inventos traen aparejados cambios en la forma de trabajar y el modo de hacer las cosas. En el ámbito social, varia la manera de relacionarse entre las personas, así como los tipos de recreación. Todo cambia. Aunque cada cambio trae consigo una buena dosis de estrés, es indudable que todos, de una u otra manera, nos vemos afectados por dichas transformaciones. Todo ello no. es en sí bueno ni malo, sencillamente representa las exigencias del momento. Lo más importante de todo es saber que la esencia de la vida es la misma que surgió de los planes del Creador. Eso, no ha cambiado ni cambará, por mucho que pase el tiempo.
Dios es un ancla que nos provee seguridad cuando las turbulencias del tiempo desean arrastrarnos. Los seres humanos todavía necesitamos vivir bajo el señorío de Dios, aunque las circunstancias presentes nos lleven a pensar y decir lo contrario. Sin él, somos como una barca movida por los vientos cambiantes de la vida. Dios no es únicamente el Capitán de la embarcación de nuestra vida, sino también el Timonel que marca el rumbo.
Si nos mantenemos fieles al Señor, avanzaremos en la buena dirección y tendremos la seguridad de que atracaremos en un puerto seguro al final de nuestro viaje. Dios nos dice: «Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8: 31-32).
No dudemos de Dios, ni de su Palabra. No permitamos que la sociedad actual, con todos sus cambios, nos deslumbre y nos lleve a pensar que no necesitamos a Dios, ni nos obligue tanto a adaptarnos que perdamos el estilo de vida que caracteriza a un cristiano. Cuando el mundo parezca decirte que no hay Dios y que el ser humano es amo y señor de su propio destino, levanta el estandarte de la verdad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

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