"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Una cristiana perfecta?

Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6

 Mucha gente cree que ser cristiano equivale a ser perfecto. Bajo ese supuesto, algunas nos volvemos rígidas e intransigentes, especialmente con nosotras mismas. Llegamos a creer que nuestro estado emocional y espiritual siempre debe estar en un punto máximo; y cuando esto no sucede, llegamos a pensar que le estamos fallando a Dios.

El perfeccionismo es una treta satánica para separarnos de Dios, y hacernos creer que llegar a ser cristianos es imposible, pues es imposible ser perfecto.

Cuando abrigamos esos pensamientos nos volvemos presas del desánimo. Podríamos llegar a la conclusión de que vivir en Cristo y para Cristo es una obligación; que sus parámetros son demasiado elevados y que no importa todo el esfuerzo que hagamos, siempre vamos a estar lejos del ideal. El perfeccionismo espiritual es algo que probablemente nos impide disfrutar de una relación íntima con el Señor, algo que debería ser nuestro mayor y más importante anhelo.

Cuando pienso en esto, creo imaginar las emociones que embargaban a Elías cuando, después de una gran victoria, tuvo que enfrentar un panorama totalmente hostil: huir para salvar su vida, precisamente por haber actuado en nombre del Señor. Presa del cansancio y de la depresión, perdió la compostura en el camino.

“Llegó adonde había un arbusto, y se sentó a su sombra con ganas de morirse.

‘¡Estoy harto, Señor! -protestó -. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados’ ” (1 Rey. 19:4).

El perfeccionismo pretende decirnos que un cristiano o una cristiana fiel jamás cometerá errores, que no se dejará llevar por las emociones negativas, y que frente a las pruebas permanecerá siempre seguro de sí mismo. Pero lo cierto es que no depende de nosotros, sino que es el poder que proviene de Dios el que nos fortalece para vivir como sus hijos fieles. Es su amor el que nos atrae hacia él, es su gracia la que nos levanta una y otra vez cuando caemos.

Amiga, no busques el perfeccionismo espiritual. Más bien busca a Cristo y desarrolla una estrecha relación de amistad con él. Recuerda que delante de Dios no se te valora por lo que haces. Él, en su misericordia, conoce las intenciones y las tendencias de tu corazón, y te fortalecerá hoy y siempre.

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

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