"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

jueves, 16 de enero de 2014

Anhelos del corazón

“Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará Salmo 37:4, 5.

Caminar confiadamente en este mundo resulta cada vez más difícil. Estamos expuestas a toda clase de peligros, traiciones, fracasos, inseguridad.

A veces nos desgastamos luchando por mantener la economía, el trabajo, la salud, las metas, y avanzamos con temor y a la defensiva.

Como mujeres deseamos la estabilidad del hogar y la familia, y nos esforzamos por lograrla, aunque en ocasiones esto pareciera, para muchas de nosotras, una verdadera osadía.

El salmo 37 menciona los “anhelos” que nuestro corazón puede llegar a tener. En la desafiante persecución de estos anhelos, las mujeres de hoy han sido calificadas como súper mujeres, dando a entender que poseen algún tipo de poder especial para cumplir con los roles que le asigna la sociedad. La otra cara de la moneda es que muchas de ellas luchan con la frustración de vivir una vida recargada, ansiosa, sin espacio para alcanzar ese verdadero anhelo que Dios aconseja: deleitarse, disfrutar, ser felices.

Uno de los versículos de hoy asegura: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará” (Sal. 37:5). Nuestra actitud debe ser la de encomendarnos a él y confiar; lo demás vendrá de su mano.

¿Creemos esto? ¿Confiamos que lo recibiremos? ¿Cómo debemos hacer? El rey David nos dio la clave para lograrlo: “Deléitate… en Jehová” (Sal. 37:4) ¡Qué maravilloso! Lo único que tenemos que hacer es apartar un momento del día para deleitarnos en Dios. En él encontraremos la paz y el equilibrio para enfrentar el día. Lo que es mejor todavía: encontraremos las fuerzas para luchar por todo lo que está en nuestros corazones, por todos esos “anhelos” que van quedando en el camino. Debemos creer que Dios puede recargar nuestras energías y ayudarnos a enfrentar cada día y a disfrutar de todo lo que nos rodea.

Cuando nuestro corazón deposite su seguridad en Dios ya no habrá espacio para el temor ni el fracaso porque se cumplirá su promesa y nos “concederá las peticiones de nuestro corazón”. Confiemos en él, deleitémonos con él y encomendémosle nuestro camino, y “él hará” el resto.

Mónica Guambo de De la Torre, Ecuador

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

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