"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

miércoles, 15 de enero de 2014

Respuesta inmediata

“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Mateo 1:1.

Estoy profundamente agradecida por la forma en que Dios nos enseña a confiar siempre en él a pesar de las dificultades económicas, familiares o de salud que afrontamos como familia. El Señor siempre nos demuestra que él está en el control de nuestra vida y conoce cada una de nuestras necesidades.

Mis dos hijas estaban en la universidad y teníamos muchos gastos, tantos, que al momento de cobrar el salario, solo recibíamos papeles. Ese 24 de diciembre nos levantamos como todos los días, con la diferencia de que aquella mañana no teníamos nada para desayunar. Tomamos la Biblia y el libro de meditaciones matinales, y comenzamos el culto familiar.

Nuestro pequeño hijo de siete años estaba inquieto y antes de orar nos pidió el desayuno. Nos hicimos los desentendidos y oramos fervientemente. Le pedimos a Dios que nos proveyera de la manera más urgente los alimentos para comer en ese día. En el momento cuando decíamos “amén” golpearon la puerta. Cuando mi esposo abrió se encontró con un hermano de iglesia que le contó que Dios lo había bendecido con la cosecha de arroz, y que su familia, muy agradecida, había separado un quintal “para el pastor y su familia”.

La respuesta del Señor, además de inmediata era por demás generosa.

Nuestro hermano trajo también una bolsa con verduras, yucas dulces (mandiocas), plátanos (bananas), mamones (papayas), naranjas y otras frutas y vegetales. Ese hermano, sin conocer la situación por la que pasábamos, pero enviado por nuestro Padre celestial, le rogó a mi esposo que aceptara esos presentes. Sentí una enorme alegría al verlo subir las escaleras cargado con tantos alimentos.

Mientras agradecíamos conmovidos a Dios por responder a nuestra necesidad, él nos envió aún más: dos horas después, la hermana Nancy nos trajo dos gallinas asadas de su criadero, listas para servirnos.

Esa fue la Navidad que más alimentos disfrutamos. Nuestro buen Dios respondió inmediatamente nuestras súplicas y colmó otra vez nuestra mesa.

Como David puedo afirmar: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan” (Sal. 37:25).

Olga Carpió de Torres, Ecuador

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

Recopilado por: Pilar Calle de Henger

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