"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

lunes, 24 de febrero de 2014

Dios cambió mi vida


Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. Proverbios 3:6.

Corría el año 1986, yo acababa de graduarme como Laboratorista Clínica y estaba trabajando en un laboratorio particular. Según mi opinión, yo estaba muy bien: ganaba un excelente sueldo mientras cumplía mi sueño de hacer lo que me gustaba.

No necesitaba nada. No obstante, como sucede respecto de los caminos de Dios, yo desconocía los planes que él tenía para mí.

Cierta vez, a una cuadra de mi casa se realizó una campaña evangelizadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que tenía por objetivo impactar en la vida de las personas de esa zona. Allí conocí al que hoy es mi esposo. En esa época él era estudiante del último año de Teología, y llegó con un grupo de estudiantes peruanos a la ciudad de La Paz, Bolivia, para colaborar en la gran campaña metropolitana.

Por iniciativa de mi madre fuimos a las reuniones. Noche a noche estudiábamos la Biblia, y lo que más me impactó fue el libro de Apocalipsis.

Nuestro instructor nos ayudaba con dedicación a comprender las lecciones, que eran totalmente nuevas para nosotras. Fueron dos meses de recibir nuevos conocimientos, de tener experiencias gratas con Dios, de aprender a conocerlo, amarlo y adorarlo como él quiere de cada uno de sus hijos.

Quizá debería aclarar, aunque no afecta al relato, que ese instructor es hoy mi esposo.

Un día comencé a sentir que algo cambiaba en mí, era el Espíritu Santo que hacía su obra en mi corazón. Me di cuenta de que el mal carácter que tenía estaba cambiando y que aquellas reacciones torpes y a veces ofensivas hacia otros, ahora eran corteses y nacían del aprecio sincero. Mi arrepentimiento y confesión me liberaron de una vida fría, espiritualmente vacía y me llenaron de un gran amor y reverencia por mi Señor y Dios. Acepté a Jesucristo como mi Salvador, Redentor e Intercesor, e inmediatamente pedí unirme a la iglesia mediante el bautismo. Hoy disfruto de una hermosa comunión con Dios y mi alma se goza en él.

Querida amiga, si sientes un vacío espiritual, déjate conducir por el Señor; él tiene un plan para cada una de nosotras. Solo debemos escucharlo sin cuestionarlo, y “él enderezará nuestras veredas”.

Lilian Galdo de Larico, Bolivia

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

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