"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

martes, 13 de mayo de 2014

La gran esperanza

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; los muertos en Cristo resucitarán primero”. 1 Tesalonicenses 4:16.

En nuestra tarea de misioneros en los lugares donde el Señor nos ha enviado hemos vivido muchas experiencias felices y otras tristes y angustiantes.

Hoy quisiera compartir una de las vivencias más difíciles que me ha tocado afrontar.

Era casi una adolescente. Tenía solo veinte años.

Nunca supimos por qué, pero había ingerido una cantidad mortal de formol y se debatía entre la vida y la muerte. Con mi esposo y un grupo de hermanos orábamos por su familia, en especial por su madre. La expectativa era terrible. La vida de esa joven se apagaba minuto a minuto.

La madre insistía para que mi esposo, como pastor, entrara a la unidad de terapia intensiva y la ungiera. Cuando por fin pudimos ingresar, al ver a la muchacha pálida, fría, me puse muy mal y sin saber qué decir, abracé a su madre, la apreté fuertemente y lloramos juntas. Luego me acerqué a la cama, la tomé de la mano y le dije a mi esposo: “Ella ya no te escucha”. De repente, ella apretó mi mano y grité emocionada: “¡Sí, nos escucha; me está apretando la mano!” La madre lloraba de alegría. Esa reacción demostraba que la joven anhelaba escuchar la última oración, y solo Dios sabe si ella se arrepintió de su mala decisión. Mi esposo la ungió enseguida, pero luego, la muerte se presentó como consecuencia inevitable.

Esa madre es creyente y abriga la certeza de que cuando el Señor venga volverá a ver a su hija. Entonces se abrazarán y llorarán juntas, ya no de tristeza, sino de alegría. Esa madre de Israel espera que el ángel del Señor le entregue su hija en sus brazos en el día postrero. Esta es la bendita esperanza que le da fuerzas para seguir adelante y sobrellevar el gran dolor que ese día tuvo que vivir.

Querida hermana, si estás pasando por alguna situación difícil, no pierdas la esperanza. Como humanos, quizá tengamos dudas acerca de cómo se resolverán algunos casos, pero es tranquilizante saber que están en las manos de un Dios de justicia y misericordia. Su amor va más allá de nuestras malas decisiones. “[...] confía en él, y él actuará” (Sal. 37:5, NVI).

Marisol Ramírez de Ayala, Ecuador

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

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