"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Triunfo sobre la muerte


“Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros”. Isaías 25:8.

Fue a mediados de agosto. A nuestra hija Silvia, joven todavía, le diagnosticaron un cáncer de páncreas terminal que comprometía también el hígado. La expectativa de vida era de un mes. La noticia nos impactó como un rayo en un cielo despejado. Como familia nos unimos en fervientes oraciones y ayunos. Silvia fue ungida. Centenares de familiares, amigos y hermanos nos acompañaron con sus oraciones, mensajes y llamadas telefónicas. Todos esperábamos un milagro, y el milagro se produjo. Silvia experimentó un milagroso mejoramiento que duró tres meses, en los cuales llevó una vida casi normal, aparentemente con buena salud, sin dolores ni las molestias propias de la quimioterapia que estaba recibiendo, lo que nos hizo pensar que estaba sanando.

Tristemente no fue así. Después de esos tres meses su salud decayó. Sin embargo, su espíritu se mantenía animado y había depositado toda su confianza en Dios. Estaba preparada para encontrarse con él. Nuestro ruego era que no tuviese dolores, y el Señor respondió ese pedido.

El 24 de diciembre, cuando comenzaba la Nochebuena, cerró sus ojos en paz y sin dolores. Así se apagó una vida dedicada al servicio en favor de los demás, tanto en las aulas como en la iglesia. Fue una cristiana consagrada, obrera eficiente, alegre aun en las circunstancias más adversas.

¿Por qué Dios no le preservó la vida? No podemos entenderlo, pero confiamos en que Dios no se equivoca. Estamos seguros de que cuando Cristo vuelva, podremos abrazarla nuevamente. Nos serán revelados todos los misterios y comprenderemos los designios divinos.

Elena G. de White escribió: “Todo lo que nos dejó perplejos en las providencias de Dios quedará aclarado en el mundo venidero. Las cosas difíciles de entender hallarán entonces su explicación. […]

Sabremos que el amor infinito ordenó los incidentes que nos parecieron más penosos. A medida que comprendamos el tierno cuidado de Aquel que hace que todas las cosas obren conjuntamente para nuestro bien, nos regocijaremos con gozo inefable y rebosante de gloria” (El hogar cristiano, cap. 86, p. 516).

Adela Bellido de Treiyer, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

martes, 16 de diciembre de 2014

¡CONQUISTA CORAZONES!

El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios. Prov. 16:23
 Tengo en mis manos un libro titulado Siete secretos para una comunicación persuasiva. Habla de técnicas, de psicología, de los principios que llevan a las personas a tomar decisiones, pero no menciona en ninguna parte lo que el texto bíblico de hoy enseña. El mencionado libro fue publicado en varias lenguas y es comprado y leído por todas las personas interesadas en el campo de las comunicaciones,
El principio bíblico de una comunicación persuasiva es diferente. No consiste en lo que tú hablas, ni con quién hablas, sino que se trata de lo que tú eres. El fundamento de la comunicación poderosa está en el corazón.
“El corazón del sabio hace prudente su boca”, dice el texto. Es lo que tú eres lo que da fuerza a lo que tú dices. Las personas generalmente hacen lo que ven. Escuchan tus palabras, pero siguen tus pisadas. Pueden, por algún motivo, dudar de lo que tú dicçs, pero creerán en la coherencia de tu vida.
Todos los días, en todos los lugares, por voluntad propia o no, estamos vendiendo nuestra imagen. Si las personas compran tu producto, tú te sentirás realizado y feliz. De otro modo, la frustración llenará tu vida de amargura.
Ese tipo de venta es comunicación. Tú eres un comunicador. Estás vivo, estás comunicando, y necesitas ser persuasivo çn lo que haces. Solo que la persuasión no es un asunto de técnica, ni tiene çlichés aprendidos. No tiene nada que ver con gestos o sonrisas prefabricadas. Todo eso es artificial, y tarde o temprano, las personas se dan cuenta.
La persuasión tiene que ver con el corazón y la vida. Tú te encuentras con Jesús. El te transforma, y a partir de ese momento, tú comienzas a vivir con sabiduría. Tu corazón es un manantial de sentimientos nobles, altruistas y genuinos. No es nada pensado. Nada fabricado. Ni estudiado, ni aprendido. Tú simplemente eres lo que Jesús hizo de ti, y eso es un cuadro maravilloso que deslumbra a mucha gente. Tú no te das cuenta. Los otros, sí.
Haz de este día un día de entrega a Jesús. Entrégale el corazón para ser transformado. Llora a sus pies. Cuéntale tus luchas y confía en él, porque “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios”.

Alejandro Bullón



lunes, 15 de diciembre de 2014

Una muralla de amor

“Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar”. Nehemías 4:6.

Dios nos ha encomendado la tarea más delicada en esta tierra: ser madres, protectoras, maestras y guías de nuestros hijos. No es fácil construir vidas si la nuestra propia está a medio terminar. Por eso, día a día, debemos no solo ayudar a nuestros hijos a construir la suya, sino terminar de construir la nuestra.

Como madres, podemos ser una influencia poderosa para nuestros hijos si nuestra relación con Dios diseña esa influencia. Tal vez no estemos siendo la influencia que el Señor quiere que seamos, o estemos desanimando a nuestros hijos con un carácter áspero e impaciente, o los tratemos con ira u hostilidad, o no nos hacemos el tiempo suficiente para sentarnos a escucharlos y dialogar con ellos.

Quizá la vorágine de la vida nos supere, el tiempo nos gane, las preocupaciones nos superen y el estrés nos agote física, mental, emocional y espiritualmente. Nos damos cuenta de que estamos perdiendo la batalla; nos sentimos débiles y sin fuerzas para continuar, pero ahí está el Señor que nos hace crecer y enfrentar el desafío, y nos recompensa con bendiciones.

El secreto del éxito está en la Palabra de Dios. Todo lo que necesitamos es dejarnos guiar por el Señor. Nuestro corazón reboza de amor cuando contemplamos a nuestros hijos crecer sanos y felices. Sufrimos cuando vemos que se desmotivan o desorientan… y la causa, muchas veces, somos sus propios padres. El desafío consiste en crear un ambiente donde nuestras criaturas se sientan amadas, respetadas, valoradas y, que por encima de las influencias que el mundo les ofrece, sientan que nuestro amor los conduce a una vida mejor.

Nuestros hijos deberían ser las primeras estrellas de nuestra corona. Ellos deben ver en nosotros un referente que los conduzca a Dios. Han nacido para brillar y dar luz, pero cuando son niños o jóvenes no tienen luz propia, reflejan la del hogar. Y aquí la madre juega un papel esencial.

Amiga, construyamos un hogar cuyas murallas de amor protejan a nuestros hijos de los ataques del exterior. Así el enemigo no tendrá cómo vencerlos.

María del Pilar Calle de Hengen, Uruguay

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER


martes, 9 de diciembre de 2014

Felices los tristes

“Dichosos los que están tristes, pues Dios les dará consuelo”. Mateo 5:4, DHH.

La segunda de las bienaventuranzas que pronunció Jesús en el Sermón del Monte dice que los que están tristes son dichosos. ¿Qué? ¿Qué dicha puede haber en la tristeza? Ricardo era joven y muy bien parecido. Quería beber cada día hasta la última gota de una vida libre de preocupaciones y compromisos con Dios, la familia, el trabajo y los estudios. “La juventud se vive una vez –decía–. ¡Así que nada de ataduras!”

A los veinte años empezó a sentir dolores que iban y venían, pero él estaba joven y quería divertirse. Después de una larga peregrinación por médicos y hospitales, terminó inmóvil. Su enfermedad degenerativa, contra la que la ciencia nada pudo hacer, lo obligó a reflexionar en la vida, en la muerte y en Dios.

“El dolor purifica como el fuego”, escribió el poeta, y fue eso lo que ocurrió en la vida de Ricardo. Hablé con él muchas veces. Su mente estaba lúcida aunque le costaba expresarse porque la enfermedad había llegado a su fase terminal, pero más de una vez me dijo que le daba gracias a Dios por su dolor, porque de otra manera no hubiera pensado siquiera en él. “Aunque esta vida sea corta, la de allá será eterna. ¿No saldré ganando?” me dijo.

Ricardo ya descansa en la paz de la tumba, pero la eternidad, sin enfermedad, sin muerte y con felicidad plena rubricará las palabras del Señor: “Dichosos los que están tristes”.

¡Cuánto aprendemos también nosotras en la escuela del dolor! El dolor “duele”, es verdad, pero las pruebas de la vida son las herramientas que Dios usa para eliminar de nuestro carácter todo defecto y debilidad. El Artista divino está modelándonos con el cincel del dolor a fin de que nuestro carácter quede en condiciones de permitirnos la entrada a la patria celestial.

Amiga, mientras vivamos en este mundo, el dolor nos templará y nos hará aptas para comprender y amar a quienes sufren. San Pablo lo dijo así: “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación” (2 Cor. 1:3, 4). Sí, felices los tristes, porque su tristeza se volverá en gozo.

Esther Iuorno de Fayard, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER


miércoles, 3 de diciembre de 2014

El regalo que cambió mi vida


“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo así yo los he enviado […]”. Juan 17:16-18.


Mi abuela paterna nos dejó un valioso legado: la santa Biblia.

Mi padre nos dijo que ese era el legado más precioso que ella podría habernos confiado. ¡Qué pena no haberlo sabido valorar a su debido tiempo!

Lo recibimos allá por 1940. Mi abuela la leía desde siempre, pero al partir nos dejó su Biblia para que en ese libro sagrado encontráramos al Señor que ella tanto amaba. ¡Cuántas bendiciones nos hemos perdido por no habernos abocado a escudriñar la Palabra de Dios diariamente! En 1965, papá dijo a modo de testimonio: “Quien tome este libro en sus manos estará tomado de la mano de Dios, solo debe dejarse conducir”.

Con el tiempo, por medio de una pareja de colportores conocimos la Iglesia Adventista e hicimos los estudios bíblicos. Fuimos bautizados todos juntos, como familia, en la Navidad de 1965, año en que papá dio testimonio del regalo que nos había dejado la abuela. Conociendo a Jesús y viviendo esta nueva vida nos sentíamos muy felices de pertenecer a la gran familia de Dios.

A mí y a mis hermanos nos educaron con valores elevados, los que se fueron fortaleciendo aun más, porque estaban cimentados en la verdad de Dios, su Palabra. Han pasado los años, y sigo aferrada al legado de mi abuela.

Doy gracias a Dios porque su Palabra es veraz y consuela, es luz y nos guía, es poder y nos fortalece. Sin ella caminamos a la deriva y nuestra vida se hace insegura y tormentosa. Jesús, la columna central de la Biblia, es todo para mí.

En los días difíciles y perplejos, su gracia me cubrió y me permitió conocer más de cerca el poder de la oración. Con la Palabra de Dios en mis manos aprendí a aceptar su voluntad divina porque es perfecta y me muestra el fin desde el principio. La palabra de Dios es mi Bethel personal.

Amiga, anhelo el día de reencontrarme con mi abuela para decirle que su legado dio frutos para salvación. Que el Señor nos utilice para fortalecernos unas a otras, podamos continuar con su obra y un día no muy lejano disfrutar con nuestros amados la eternidad junto a nuestro Redentor y Salvador Jesús.

Lidia Inforosi, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER


Diente de león – Infusiones y propiedades


El diente de león, conocido también como amargón, es una planta vivaz, perenne,  muy popular y reconocible.
Sus hojas profundamente angulares forman una roseta basal en la primavera y cabezas florales que nacen de pecíolos alargados. Todas las hojas y tallos huecos de las flores crecen directamente del rizoma.
Las flores, al terminar la floración, se transforman de amarillas en esas características esferas blancas formadas por un conjunto de pelos muy volátiles. Al cortar la raíz, de las hojas brota un líquido lechoso rico en caucho.

Propiedades curativas del diente de león

El diente  de león tiene propiedades tonificantes, diuréticos, y colagogos. Eficaz aperitivo y purificador de la sangre. Tomado en ensalada o  en cocimiento, es excelente para las personas que han perdido el apetito. Asimismo, y sobre todo en primavera, es aconsejable tomarlo en abundancia en las curas que se realizan en, esta época del año, con el fin de depurar el organismo.
La raíz de diente de león es buena para toda clase de problemas del hígado, incluyendo hepatitis, cirrosis, ictericia e intoxicación en general, así como para deshacerse de los cálculos biliares.
En la primavera, las hojas y las raíces del diente de león producen manitol, una sustancia usada en Europa para el tratamiento de la hipertensión y de los corazones débiles.  Por ello, las infusiones con las hojas de diente de león son muy efectivas para combatir la presión arterial alta, pero es importante que sean recolectados en esta estación del año.
La aplicación de la savia lechosa de diente de león, de forma externa, ayuda a retirar verrugas y eliminar manchas de la piel  principalmente las  que aparece en la vejez.

Infusiones y remedios naturales con diente de león

Infusión con diente de león para la hipertensión Hervir 1 litro de agua, bajar el fuego y agregar 2 cucharadas de raíces frescas, lavadas y picadas. Dejar cocer a fuego lento por 1 minuto, con el recipiente tapado, luego retirar del fuego y agregar 2 cucharadas de hojas recién picadas. Dejar reposar por 40 minutos. Colar y tomar 2 tazas al día.
Infusión con diente de león para el hígado Hervir  1 litro de agua, bajar el fuego y agregar unas 20 cucharadas de hojas, tallos y raíces frescas de diente de león picadas. Dejar cocer a fuego lento por tanto tiempo como sea necesario hasta que el líquido se reduzca a sólo medio  litro), luego colar. Tomar 3 cucharadas 6 veces al día.
Remedio depurativo con diente de león Hervir 60 g de hojas y raíces de diente de león en 1 litro de agua. Tomar un vaso antes de las comidas.
Remedio con diente de león para recuperar el apetito Hervir, durante diez minutos, una porción de raíces trituradas y de hojas desmenuzadas en un litro de agua. Dejar en maceración hasta que se enfríe. Tres tazas al día antes de las comidas.
Remedio con diente de león para la verrugas Extraer la  savia lechosa del diente de león, empapar una bolita de algodón y frotar, con ella, una verruga.  Repetir la acción varias veces al día durante un mes.
Remedio con diente de león para las manchas  de la vejez Extraer la savia lechosa de  diente de león, empapar una bolita de algodón y frotar sobre las manchas de la vez varias veces al día.


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