jueves, 7 de mayo de 2015

PARA LA VIDA O PARA LA MUERTE

El justo sirve de guía a su prójimo, mas el camino de los impíos les 
hace errar. Proverbios 12:26. 
La historia de Dilma es escabrosa. Fue presa, acusada de contaminar con VIH (SIDA) a una gran cantidad de personas. Confrontada con la justicia, dijo que después de haber sido siempre fiel a su esposo y haber sido contagiada por él, salía todos los días para vengarse de los hombres, y se relacionaba a propósito con todos los que se acercaban a ella. “Quería llevar a la muerte al mayor número de hombres”, dijo sin señal de arrepentimiento, Dilma no mucho tiempo de ser sentenciada, porque murió poco después de haber sido encarcelada.
El caso de Dilma horrorizó a la opinión pública. Mucha gente decía entender porqué había actuado de ese modo. Una persona desesperada llega al límite de la irracionalidad. Sin embargo, el texto de hoy habla del perverso que, sin aparente “justificación”, lleva al mayor número posible de personas por el camino del mal.
El proverbio de hoy habla del poder de la influencia. Las palabras, actitudes, gestos y posturas, ejercen influencia sobre las personas que nos rodean. Desde los familiares hasta los compañeros de trabajo, estudio, o los miembros de la comunidad. 
Un padre que fuma o bebe está transmitiendo un mensaje a sus hijos. No dice nada con palabras, pero con su conducta está afirmando: “Hijo, yo sé que me admiras y que cuando crezcas te gustaría ser como yo. Entonces, mira lo que estoy haciendo y haz lo mismo”. 
La influencia es uno de los mayores dones que recibimos de Dios. Cuanto más aumenta nuestro radio de acción, más aumenta también nuestra responsabilidad. Alguien dijo con sabiduría: “Eres responsable por aquellos que conquistas”. 
¿A dónde estoy llevando a las personas que me aman? ¿Qué valores les estoy transmitiendo? Cuando llegue el día del ajuste de cuentas y esté ante el tribunal divino, ¿tendré que explicar con detalles por qué hice lo que hice, o dije lo que dije? 
¡Oh, Señor! Tú conoces el camino mejor que nadie. ¡Tú, que eres el camino, la verdad, y la vida, enséñame a ser una oveja obediente y sumisa de modo que mi vida sea una inspiración para las personas que se relacionan conmigo! 
¿Te gustaría orar así? Hazlo en el silencio de tu corazón, en lo recóndito de tu alma y enfrenta hoy los desafíos de la vida, sabiendo que “El justo sirve de guía a su prójimo, mas el camino de los impíos les hace errar”.

 Alejandro Bullón


lunes, 4 de mayo de 2015

Tu vida, en las manos del Soberano

Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. Más Jehová estaba con José, y fue varón próspero…

Y vio su amo que Jehová estaba con él… Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia… No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José. Génesis 39:1, 2, 3, 20, 21, 23.

Vendido por sus hermanos como esclavo, extranjero en una nación pagana, difamado y acusado injustamente por la esposa de su amo egipcio, prisionero en una cárcel de seguridad junto con los criminales, pareciera que la vida de José estaba sujeta al capricho de las circunstancias y de las malvadas voluntades humanas.

Parecía que Dios lo había abandonado, que estaba solo con su suerte, para arreglárselas lo mejor que pudiera. No obstante, el relato bíblico se encarga de aclarar (y lo hace cuatro veces en este capítulo de Génesis) lo que está detrás de la escena, lo que no se puede ver: “Mas Jehová estaba con José”. Dios no lo había dejado solo, sino que, aunque José no lo entendiera, seguía estando a su lado, y ejecutando su voluntad infinitamente sabia, todopoderosa y soberana. La Inspiración nos aclara que, a pesar de todo, Dios estaba con él.

El resto de la historia nos dice que, finalmente, José fue promovido a primer ministro del mayor imperio mundial de aquel entonces, Egipto. Pero ¿crees que José sabia, en sus horas difíciles, que ese iba a ser su destino final terrenal? Seguramente, no lo sabía. Pero, aun así, mantenía su confianza en el amor y en la soberanía de Dios, y en ningún momento dejó de honrarlo y serle fiel, porque no regía su vida por sus sentimientos, sus pasiones o las circunstancias, sino por principios religiosos y su fe sin claudicaciones en Dios.

Hoy, Dios no es ajeno a lo que te sucede; confía en él siempre, pues él tiene el control sobre tu destino, y tiene un plan maravilloso para tu vida, que algún día te será revelado, y que contempla tu mayor bien presente y eterno.