martes, 23 de junio de 2015

Tened Paciencia!

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Santiago 5:7.
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas… a tu prójimo como a ti mismo”. Marcos 12:30, 31… ¿Cómo pueden los hombres obedecer estas palabras, y formar combinaciones que privan a las clases más pobres de las ventajas que les pertenecen con justicia, y les impiden comprar o vender, a no ser bajo ciertas condiciones?
Los que pretenden ser hijos de Dios en ningún caso deberían unirse a los gremios que ya están formados o que se van a formar. El Señor lo prohíbe. ¿No pueden ver los que estudian las profecías lo que hay delante de nosotros?—Mensajes Selectos 2:162-164.
Pronto habrá que hacer frente a graves crisis, y queremos estar escondidos en la hendidura de la roca para que podamos ver a Jesús y ser vivificados por su Santo Espíritu. No tenemos tiempo que perder, ni siquiera un instante.—Carta 89, 1899.


Jesús, el amigo de los pecadores – Judas


Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Juan 12:4-6.

¿Cómo pudo Jesús tener una clase de persona así en su iglesia y entre lo más selecto de sus discípulos? ¿No te escandalizas tú cuando ves en la iglesia a gente que te preguntas qué está haciendo allí, si lo que menos parece es un cristiano? ¿No habría que echarlos de la iglesia, para que no contaminen a los demás, los desmoralicen, y dejen de echar tierra sobre el buen nombre de Cristo y de la iglesia?

Pero Jesús tiene otra visión de las cosas. Su corazón gigantesco y salvador amaba a Judas con un amor insondable, y lo tuvo consigo todo ese tiempo, aun sabiendo que lo iba a traicionar. Sabía que era ladrón y que profanaba el dinero sagrado para un uso personal. Sin embargo, lo tuvo consigo, en la iglesia, y entre su grupo de discípulos escogidos, porque no quería que le faltara ninguna oportunidad para que pudiera arrepentirse, convertirse y salvarse.

Hoy, Jesús también ama a tus hermanos en la fe que te parecen falsos cristianos, hipócritas, materialistas, “mundanos”, y los conserva en la iglesia para que tengan la oportunidad de ser salvos. Y, lo más importante: Jesús te tiene a ti en la iglesia, a pesar de tus defectos de carácter, de tus luchas morales y espirituales, aun de tus caídas. Cuántas veces, quizá, lo traicionaste de una u otra manera que tú solamente sabes. Pero Jesús no te desecha, sino que te mantiene cerca de él, y de su cuerpo, que es la iglesia, porque quiere verte en su reino, eternamente salvo y seguro, cuando venga a buscarte. ¿No caerás de rodillas ante él, ahora mismo, para agradecerle por su amor y para arrepentirte de aquello que te separa de él y te hace daño? Hazlo sin temor ni incertidumbres, porque Jesús prometió: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).


viernes, 19 de junio de 2015

¿FINAL O PRINCIPIO?

Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Lucas 24:21
Los alumnos se acomodaban para el desfile de graduación. Todos estaban nerviosos. Yo más, pues iba a pronunciar el discurso de graduación. Todos estaban celebrando un final: los estudiantes habían terminado la secundaria y estaban listos para graduarse; pero, sin desmerecer sus esfuerzos y logros, yo tenía otra perspectiva del asunto.
–Terminas la escuela secundaria –dije–, ¿y ahora qué? Este no es el final, tan solo es el principio. Ahora puedes iniciar una carrera universitaria, un trabajo, u otra cosa. No lo olvides: aún no has llegado, solo estás empezando –todos sonrieron.
Aquella era una celebración, pero muchos finales no se celebran. El fin de una amistad, una relación, un matrimonio, la pérdida de las posesiones, o el fin de una vida. Son muchas las cosas que parecen llegar a su final, pero ¿no será más bien un venturoso inicio? Dos discípulos caminaban con el sentimiento de un final; así lo expresaron al forastero que les preguntó por qué estaban tristes. Su maestro, el que pensaban “había de redimir a Israel”, y en quien habían puesto toda su esperanza, había sido crucificado, y ahora tenía tres días de muerto (ver Luc. 24:13-21).
Para ellos era el final más triste, trágico y desesperanzador que pudiera haber. Para Jesús, que caminaba a su lado y aún no lo sabían, era el principio más glorioso, pues ahora estaba completada su obra de redención, y el mundo estaba a punto de recibir estas buenas nuevas. Cuando sus ojos fueron abiertos, pudieron percibirlo todo; sus corazones ardían de gozo con sus palabras. ¡Una nueva vida empezaba para ellos!
¿Pasas acaso por un momento que te parece ser el final? ¿Tu situación se asemeja a esa parte del camino donde no hay salida o “se terminó el camino”? Cualquiera sea tu realidad en este momento, ten la seguridad de que Jesús camina contigo y te dice: “Hija mía, sé que te parece el final, pero es tan solo el principio de cosas grandes y maravillosas”. Sí, eso que ahora parece la peor tragedia se puede convertir, por la gracia de Dios, en tu mayor victoria. Permite que él te hable y tu corazón arderá de esperanza al escuchar sus palabras.
Carolina Estrada.

martes, 9 de junio de 2015

Hacer la voluntad de Dios aumenta la fe

Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Salmo 143:10

Meditemos hoy en Moisés, el gran líder de Israel. Cuando vivía en Egipto, carecía de fe. Incluso mató a un egipcio por su falta de fe, pues creía que con sus obras podía terminar con la esclavitud hebrea. Dios lo envió a la escuela del desierto para que su fe se acrecentara, y prepararlo así para una misión sagrada. Cuando regresó a Egipto, tenía algo de fe, pero era temeroso. Sin embargo, cuando Dios envió una plaga sobre Egipto, la fe de Moisés creció hasta las alturas.

De joven, el patriarca tartamudeaba; quizá los cuarenta años en el desierto hicieron que no fuera diestro en la lengua egipcia. No obstante, cada vez que obedecía la orden divina de regresar al faraón con un nuevo mensaje, su fe se fortalecía. Cada plaga era un testimonio fehaciente de que, cuando le obedecemos por fe, Dios obra milagros.

Llegó el momento en que Moisés se enfrentaba al obstáculo más formidable de su vida. Fue frente al Mar Rojo, flanqueado por montañas y con el ejército egipcio a sus espaldas, cuando Dios le dijo: “Di a los hijos de Israel que marchen” (Éxo. 14:15). Su fe y su obediencia lo impulsaron a declarar: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros” (vers. 13).

Dios había probado la fe de Moisés por medio de experiencias decepcionantes; pero, cada vez que hacía la voluntad del Señor, su fe crecía.

Querida amiga, quizás enfrentas pruebas monumentales; tal vez tu hogar pareciera derrumbarse, o podría ser que tus hijos no anden en el buen camino, o que estés enferma. Confía en Dios y obedécele como lo hizo Moisés. Al final del camino, verás que Dios siempre ha estado a tu lado, como dice la última estrofa de la poesía “Huellas en la arena”:

“Señor ¿por qué, cuando más te necesité, me dejaste sola”, pregunté.

“El Señor me respondió: ‘Hija mía, te amo, nunca te dejé en tu dolor. Si ves solo un par huellas al caminar y no el otro que se debería reflejar, es que en tu hora de aflicción, cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas porque te llevo en mis brazos’”.

Por fe deja que Jesús te lleve hoy en sus brazos.

—Ana Rosa Chaviano.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2015

Jardines DEL ALMA