martes, 8 de noviembre de 2016

LAS HISTORIAS DE LOS ELEGIDOS ♥


«Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo». 
1 Juan 2: 5, 6

Lección 2: Un reavivamiento de la espiritualidad lleva a un reavivamiento de la sencillez. Échame una mano, por favor. Habiendo vivido en una ciudad universitaria todos estos años, he oído los retos sinceros y francos que los jóvenes plantean a la comunidad de los elegidos. «Explíqueme, por favor, por qué, si un conjunto de cinco diamantes se mueve quince centímetros, el conjunto prohibido se vuelve aceptable». Y señalan desde el lóbulo de la oreja bajando unos centímetros hasta donde se prende un broche en un vestido. O: «Por favor, explíqueme cómo puede usted condenar aretes de cinco dólares mientras conduce un automóvil de cincuenta mil dólares o una casa móvil de ochenta mil». Está bien. Lo cierto es que la modestia es un arma de doble filo, ¿no? ¿No es un tanto incoherente imaginar a un Dios del universo que pudiera pedirnos sistemáticamente que abandonemos el adorno externo pero que no tenga nada que decir sobre casas que están muy por encima de nuestra posición económica o mucho más allá de nuestra necesidad personal?

Entonces, ¿qué pasa si todos decidimos vivir con la misma sencillez? Es más que casualidad que en dos coyunturas cruciales de la historia de los elegidos, la comunidad de fe escogiera la misma respuesta. El fugitivo Jacob vuelve a casa con una numerosa familia y con muchos rebaños. Dios le sale al encuentro en la frontera de la tierra prometida y lo llama a acudir a adorar en Betel, el sitio en el que vio hace tanto tiempo la escalera al cielo. Jacob convoca a su familia para comunicar el llamamiento divino y, como respuesta, entierran sus adornos debajo de una encina (Gén. 35: 1-4). Asombrosamente, los hijos de Israel dan una respuesta idéntica al pie del monte Sinaí tras su debacle moral. «Por eso, a partir del monte Horeb los israelitas no volvieron a ponerse joyas» (Éxo. 33: 6, NVI).

Cuando el Dios que inició ambos reavivamientos espirituales vino en persona a vivir entre nosotros —este Dios que, con derecho, podía llevar puesta toda gema y toda corona del universo—, encarnó el valor de la sencillez divina. En el momento de su muerte echaron a suertes la única túnica que poseía —ni casa, ni monedas, nada salvo una vida de sencillez modesta—. Profunda espiritualidad, radical sencillez: he ahí hoy el ejemplo de Jesús para ti y para mí. «Síganme por entero». ¡Con gratitud!


Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2016
“El Sueño de Dios para Ti, Tú Eres el Elegido”
Por: Dwight K. Nelson


SIN REVELACIÓN NO HAY VIDA

Sin profecía el pueblo se desenfrena; más el que guarda la ley es bienaventurado. 
Prov. 29:18.


La palabra "profecía" en el original hebreo es chazón, que puede ser traducida como visión, pero que significa específicamente "revelación o instrucción de Dios". En este contexto, sin la instrucción divina, el pueblo está condenado a una vida de fracaso y deteriorización. 

Cada vez que tú compras un aparato eléctrico, recibes un manual de instrucciones. Si tú quieres que el aparato dure y produzca al máximo, tienes que seguir el manual. Pero si no lees las instrucciones, y lo enchufas sin prestar atención a las indicaciones, el resultado será desastroso. Tú habrás perdido tiempo, dinero y paciencia. 

El ser humano no es un aparato, es una persona. No tiene un fabricante, tiene un Creador. Ese Creador dejó un manual de instrucciones para que la criatura fuese feliz, próspera y realizada. La razón por la cual muchos son desdichados y fracasan en sus relaciones, en la vida financiera, profesional y familiar, es sencillamente porque ignoraron las instrucciones divinas. Viven la vida de cualquier manera, esperando que resulte bien. Tú puedes incluso conseguir dinero, poder y fama, pero la vida no es plena, por lo menos, no como Dios la planeó. 

¿Por qué es tan difícil para el ser humano seguir las instrucciones de Dios? Por causa de su naturaleza. Desde pequeño, el ser humano se encapricha en vivir solo. Suelta el brazo del padre, se golpea la cabeza en la esquina de la mesa, quiere comer sin ayuda de la madre, y mete la cuchara por los ojos y por la nariz. A pesar de sus derrotas constantes, el espíritu de independencia está presente en su comportamiento a lo largo de la vida. 

Cuando crece, las consecuencias de vivir ignorando las instrucciones de Dios, no son tan simples como golpearse la cabeza y llorar. Son dolorosas y trágicas: derrota, frustración, vacío y muchas veces, la muerte. 

Dios quiere que tú seas feliz. El te creó con un propósito maravilloso. Aunque en este instante tú estés enfrentando el mayor drama de tu vida, el plan divino para ti continúa intacto. Por eso, hoy, antes de salir a enfrentar los desafíos de la vida, detente, medita y recuerda: "Sin profecía el pueblo se desenfrena; mas el que guarda la ley es bienaventurado".

Alejandro Bullón