sábado, 26 de marzo de 2016

UN MISIONERO INOLVIDABLE

Llamaras su nombre Jesús, porque ÉL salvará
a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21)

A un hombre se le dio la oportunidad de ser misionero. Él ya había hecho muchas buenas obras para Dios, pero esta era la primera vez que lo llamaban para viajar a otra región. Estaba muy preocupado porque las personas del lugar a donde debía ir tenían reputación de frías y despiadadas; si no les agradabas, podrían expulsarte de sus tierras. Sabía que si viajaba a ese lugar, su vida podría estar en peligro. Pero, también sabía que era el único que podía hacer ese trabajo; entonces, accedió a predicar a la gente de allí.
Cuando llegó por primera vez, nadie le prestó atención. No había razón para que lo hicieran; para ellos era un “don nadie”. Pero él había llegado con una misión de Dios, y estaba decidido a que escucharan el mensaje. Diariamente oró por orientación, sabiduría y el poder para hacer grandes milagros en el nombre de Dios.
Al poco tiempo, tenía muchos seguidores. Estaban asombrados ante la verdad de las palabras que predicaba. Las personas sentían esperanza después de oír su mensaje; les hacía creer nuevamente en la bondad.
Pero también hubo muchos de los lugareños que no se impresionaron. De hecho, algunos pensaban que era un loco y exigían que dejara de predicar y se fuera. Cuando vieron que se quedaba, armaron un plan: le tendieron una emboscada, lo secuestraron y lo asesinaron.
Tal vez has oído antes de este misionero. Su nombre es Jesús.

¿Y AHORA?
Jesús vino a la Tierra con un propósito: trabajo
misionero. ¿Cuál fue su misión? ¿Crees que cumplió?



“Intensamente, Ejercita tu Cerebro” Compilado
por Penny Estes Wheeler.

viernes, 18 de marzo de 2016

El Odio


Bíblicamente hablando, hay aspectos positivos y negativos al odio. Es aceptable odiar aquellas cosas que Dios odia; de hecho, esto es una prueba de una posición recta delante de Dios. "Los que amáis a Jehová, aborreced el mal" (Salmo 97:10a). De hecho, cuanto más cercano es nuestro caminar con el Señor y más tenemos comunión con él, más estaremos conscientes del pecado, tanto dentro como fuera. ¿No lloramos y encendemos con enojo cuando el nombre de Dios es calumniado, cuando vemos hipocresía espiritual, cuando vemos incredulidad descarada y comportamiento impío? Cuanto más entendemos los atributos y amamos más el carácter de Dios, más seremos como él y más odiaremos aquellas cosas que son contrarias a su palabra y naturaleza.

El Señor menciona el odio en el sermón del monte: "Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio" (Mateo 5:22). El Señor no sólo manda que seamos reconciliados con nuestro hermano antes de ir ante el Señor, sino también que lo hagamos rápidamente (Mateo 5:23-26). El acto del asesinato mismo fue ciertamente condenado, pero el odio es un pecado del “corazón”; y todo acto o pensamiento de odio es un acto de asesinato en los ojos de Dios por el cual la justicia será demandada, posiblemente no en esta vida sino en el juicio final. Tan atroz es la posición del odio ante Dios, que un hombre que odia se dice estar caminando en la oscuridad, en contraposición a la luz (1ª Juan 2:9, 11). La peor situación es la de un hombre que sigue profesando la religión pero permanece en enemistad con su hermano. Las Escrituras declaran que tal persona es un mentiroso (1ª Juan 4:20). Puede engañar a los hombres, pero no a Dios. ¿Cuántos creyentes viven durante años fingiendo que todo está bien, sólo para ser hallado defectuoso porque ellos han guardado enemistad (odio) contra un compañero creyente?

El odio es un veneno que nos destruye desde adentro, produciendo amargura que corroe en nuestros corazones y mentes. Por esta razón las Escrituras nos dicen no permitir que brote una “raíz de amargura" en nuestros corazones (Hebreos 12:15). El odio también destruye el testimonio personal de un cristiano porque le quita la comunión con el Señor y otros creyentes. Seamos cuidadosos de hacer lo que el Señor aconsejó y mantener cuentas claras con todos acerca de todo, no importa cuán pequeño pueda ser, y el Señor será fiel a perdonar, como él ha prometido (1ª Juan 1:9; 2:1).

miércoles, 2 de marzo de 2016

EL CETRO DE LOS IMPÍOS

No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad. Sal. 125:3

Me cansé de ser bueno". Esa fue la explicación que aquel hombre dio al ser descubierto en flagrante delito. La noticia corrió como una bomba por toda la fábrica, porque era considerado un empleado modelo entre los quinientos trabajadores de la empresa. El versículo de hoy explica eso. La actitud de los impíos es tan grosera, tan descarada e impune, que el justo corre el peligro de "extender la mano a la iniquidad".

El salmista habla del "cetro de los impíos". ¿Por qué el cetro? Los reyes usan el cetro' como símbolo de su realeza, poder y soberanía. En este mundo de pecado, los impíos de algún modo gobiernan y ejercen poder. Se consideran reyes. Sienten que están por encima de la ley. La burlan o la compran. Sobornan conciencias, condenan al inocente y "explican" sus actos de maldad.

Dios promete que esta situación "no permanecerá". Tú entiendes el sentido de permanencia cuando miras hacia los montes. Los montes son permanentes y parecen eternos. Las nubes pasan y los árboles nacen, crecen y mueren, las generaciones se siguen unas a otras, pero los montes permanecen en el mismo lugar.

"El cetro de los impíos" no será como los montes. Una persona sin Dios y sin escrúpulos, puede conseguir dinero, fama, poder y honra, pero todo es como las nubes. Hoy es, y mañana no es.

El mal parece vencer al bien. Hoy y mañana tal vez, pero siempre hay un pasado mañana, en que la justicia prevalecerá. Esto no es solamente una promesa, es una realidad. Si tú miras la historia en retrospectiva, verás a reyes, naciones e imperios que se consideraban indestructibles, derrumbarse un día, de manera tal que hoy apenas quedan rastros.

Por tanto, continúa luchando y enalteciendo los valores en tus actitudes diarias. No temas que te consideren un soñador o un idealista. No tengas envidia de la "prosperidad" de los hombres sin Dios.

Sé justo. Busca diariamente fuerzas en Jesús. No permitas que la injusticia de los hombres traiga amargura a tu corazón. Valoriza las cosas simples, que duran para siempre, porque "No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad".

Alejandro Bullón