martes, 19 de abril de 2016

PERDÓN EN JESÚS

JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Sal. 130:3, 4.

La culpa tiene el terrible poder de paralizar. Paraliza la vida, los planes y los sueños. Nos hace sentir sucios, indignos y sin derecho a nada. Hay mucha gente fracasada en la vida porque, inconscientemente, aceptó la derrota como una forma de autocastigo. Esa gente cree que el sufrimiento que la culpa le produce, puede, de alguna forma, ganar un punto a su favor delante de Dios.

El salmista conocía muy bien el peso de la culpa, por eso menciona a Dios dos veces en una frase tan corta. "JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse?" Se sentía como polvo. Por más que intentase justificarse o sublimar la culpa, su iniquidad lo condenaba. El martillo del pasado lo crucificaba en el madero de su propia conciencia.

¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Es la pregunta que perturbó al ser humano a lo largo de los tiempos. La respuesta es: Nadie. Porque el pecado mata. Mata lentamente, poco a poco, imperceptiblemente. Al comienzo, roda parece maravilloso, tú sientes sensaciones que nunca antes sentiste. Te sientes libre como un ave, tomas tu vida y vuelas por el mundo sin límites ni fronteras, por donde tu imaginación te lleva.

Pero el tiempo pasa. Implacable. Cruel. Insensible. Y cuando tú comienzas a darte cuenta de los estragos en tu vida física, moral o psíquica, ya es tarde. Las sombras de la noche ya te envuelven, te gustaría que el día se prolongara para cambiar el rumbo de las cosas, pero sientes como si la propia vida escapase de tus manos. No hay duda, el pecado mata. Nadie subsiste a él.

Por eso, la única solución está en el perdón, y el perdón solo puede alcanzarse a través de Jesús. Este don divino es ofrecido gratuitamente a todos, pero solo lo reciben "los que lo reverencian", es decir, los que le temen. Este temor no tiene nada que ver con el miedo. Es el resultado del amor, nacido de un corazón agradecido que aprendió a confiar en Dios ya creer en sus promesas.

A pesar de tu pasado, hoy puede ser un nuevo día para ti. Ayer ya pasó. No Cuenta. El futuro todavía no llegó, está en las manos de Dios. Aprovecha el presente para decir, como el salmista: "JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado".


Alejandro Bullón



martes, 12 de abril de 2016

Por que no puedo acercarme a Dios

¿Te has tomado un tiempo hoy para pensar como está tu relación con Dios? … Antes, orar, leer la Biblia, congregarte, era sumamente “emocionante”, pero con el pasar de los años, esa “emoción” se ha esparcido como la neblina. En cambio ahora, toca a la puerta de tu corazón la memoria de aquellos días cuando te encontrabas en comunión con tu Padre Celestial y lamentas tanto no poder hacer lo mismo hoy.

Eso te lastima y te causa dolor, cuestionándote por qué ya no puedes acercarte a Él. ¿Es una lástima verdad? Es como si sacaran a un pez del agua y empezara a morir muy lentamente.

Ahora te pregunto: ¿Vale la pena evaluar qué ha pasado para que llegues a este punto de tu relación con Dios? ¡Reconozcamos que si! Si un día sentiste su abrazo y hoy ya no puedes hacerlo, una razón muy cierta hay. Y no es porque el amor de Dios para ti se haya agotado, no es que él haya dejado de mirar lo precioso(a) que tu eres. Tampoco es porque valgas menos para Él.

La Biblia afirma lo siguiente:


La mano del Señor no es corta para salvar,
ni es sordo su oído para oír.


Isaías 59:1

¡Para Dios nada vale más que tu! Y no es que Él te necesite, pero si desea que entiendas que tu sin Dios no vales nada. ¿Sabes cuál es la verdadera razón porque la no has podido acercarte a Él como solías hacerlo antes? Es porque has guardado en tu corazón algunas cosas que para Él son un estorbo.
¿Cuál es ese estorbo?


Son las iniquidades de ustedes
las que los separan de su Dios.
Son estos pecados los que lo llevan
a ocultar su rostro para no escuchar.

Isaías 59:2

La verdadera causa de nuestra separación con Dios es el pecado que habita en nuestro corazón. Él no es compatible con nuestras iniquidades. Su carácter santo no puede permanecer al lado de nuestras injusticias. Revisa que clase de situaciones pecaminosos has consentido durante esta semana…

Te escondes y huyes de confrontar tus pecados por miedo a que ellos sean mas poderosos que el mismo Dios a quien le rendiste tu vida años atrás. ¿Recuerdas esto?: La vida solo tiene sentido bajo la cobertura de Dios.

Cuando pasan semanas y no te acercas a Dios sientes que te desvaneces y mueres porque tus pecados solo te ofrecen tristeza, angustia y dolor.

Nadie puede decir que no conoce los pecados que tiene ni tampoco afirmar que Dios no los conoce, porque simplemente estaríamos engañándonos a nosotros mismos:


Tú sabes que son muchas nuestras rebeliones;
nuestros pecados nos acusan.
Nuestras rebeliones no nos dejan;
conocemos nuestras iniquidades.

Isaías 59: 12

¿Quieres acercarte a Dios pero en lo primero que piensas es en cómo le has fallado? Exactamente eso pasa, porque el pecado te acusa, pero Dios te restaura. Cuando Dios te observa, no ve tu pecado, sino al sacrificio que Jesús hizo en la cruz por ti.

Es en esa cruz donde hay confianza, esperanza y vida. No vas a encontrar otro lugar mejor para alcanzar perdón y amor que en la cruz de Cristo.

Cuando Jesucristo murió, lo hizo por todos tus pecados, pero tu debes arrepentirte y regresar a sus brazos de amor, y una acción consecuente ha de ser esta: ¡Abandona tus actos pecaminosos de una vez por todas! Debes abandonar esos pecados que te alejan de Dios: Mentira, fornicación, adulterio, pornografía, masturbación, hipocresía, incredulidad, egoísmo, licor, drogas, avaricia, etc…

¿Que estas pensando? Que llevando ese camino vas a conseguir algo bueno. Pues esa es la mentira que has creído por mucho tiempo, la Verdad es otra. Cristo Jesús te quiere hacer libre y darte un nuevo estilo de vida. Pero tu eres quien debe decidir seguir el camino de Dios.

Renuncia a tus pecados, renuncia a la vida que has llevado sin Dios. Y da la oportunidad para que el poder de Dios se manifieste en ti.

Y sino lo crees aquí te dejo un par de PROMESAS que hay para ti, para que las sustituyas por las BATALLAS PERDIDAS que has tenido:


El que encubre sus pecados no prosperará;
Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

Proverbios 28:13

Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. – 1 Juan 1:8-9

Dios te quiere dar unas nuevas vestiduras, por aquellas viles que el mundo te dio. Tu puedes ser un instrumento del amor de Dios, por la gracia y el perdón de Jesús.


¡VUELVE A JESÚS Y PERSISTE EN SUS CAMINOS!

Serpiente de Bronce en una Vara

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 
Juan 3:14,15.

Los israelitas estuvieron de luto por la muerte de Aarón durante treinta días. Después de ese largo período de aflicción, uno pensaría que el pueblo se habría tranquilizado. Pero, no. Ahora estaban atravesando un valle caluroso y arenoso, y los viejos hábitos de murmuración comenzaron de nuevo.

La columna de nube todavía estaba con ellos. Tenían mucha comida y agua. Sus pies no se habían hinchado para nada durante todo el viaje desde Egipto. Sus zapatos y sus ropas no se habían deteriorado. No había ningún enfermo o persona debilitada entre ellos. Dios constantemente los había protegido manteniendo lejos a las bestias feroces de caza y a las serpientes venenosas. Pero ellos, a pesar de todo esto, todavía se quejaban. Comenzaron con reclamos que eran una nueva variación de los viejos temas. “Odiamos este pan liviano”, protestaron, refiriéndose al maná.

Dios los había protegido incontables veces pero, por su ingratitud hacia su cuidado, quitaría su mano protectora. El desierto estaba lleno de serpientes ardientes, llamadas así porque su mordedura causaba una violenta hinchazón y una muerte rápida. Ahora, estas comenzaron a atacar a un gran número de personas. Casi no había tiendas donde alguien no estuviera muriendo o ya muerto. ¡Serpientes vivas! Estaban reptando y mordiendo tan rápido que era espantoso. Todos estaban tan ocupados asistiendo a aquellos que habían sido mordidos o intentando proteger a aquellos que no lo habían sido que no tenían tiempo para murmurar. El pueblo ahora confesó su equivocación y se humilló ante Dios.

Dios le indicó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la pusiese en una vara, de manera que quien fuera mordido pudiera mirarla, y vivir. Era un remedio muy inusual; ¿a quién se le ocurriría que podía ser sanado por mirar la imagen de una serpiente? A algunos les pareció que no daría resultado y murieron, simplemente, por rehusarse a mirar. Pero, para aquellos que miraron, hubo vida. Sabían que no había nada mágico en mirar a la serpiente de bronce, pero tenían fe en que era un símbolo de Cristo, quien se convertiría en pecado por todos.

Cuando miramos a Jesús, que fue levantado en una cruz, también podemos tener vida, el tipo de calidad de vida aquí y ahora que nos prepara para la vida que nunca terminará.




“Genial, Dios Tiene un Plan para Ti”
Por: Jan S. Doward