jueves, 21 de noviembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
El precio del Presente
Está escrito
EL PRECIO DEL PRESENTE
Todos los años millares de personas visitan Juazeiro del Norte para ver la imagen del Padre Cíacero. Otros miles peregrinan hasta Aparecida del Norte, en San Pablo. ¿Cuál es el motivo? ¡Cumplir sus promesas! Son personas que para conseguir alguna bendición de Dios, prometen hacer algún sacrificio.
Finalmente, ¿qué es necesario hacer para ganar la salvación, y la vida eterna? ¿Qué es lo que Dios espera de mí?
“¡Es un regalo! Un favor inmerecido, un presente de Dios para usted. Y la parte que le corresponde hacer es sólo aceptar este favor de Dios”.
EL PAGADOR DE PROMESAS
La Biblia cuenta la historia de un hombre que comenzó buscando la salvación en forma equivocada, pero después encontró el camino correcto. Saulo fue educado por los mejores maestros de su época y seguía fielmente todas las costumbres judías. En una de sus cartas él se describe así:“Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, irreprensible”.Filipenses 3: 5 y 6.
Él era un LEGALISTA. El legalista concentra su atención en el comportamiento 1 y, en general, es fanático. Saulo era un fanático, perseguía cristianos, aquellos que creían en la muerte y resurrección de Jesús.
Era difícil, para Saulo, entender como Jesús podría ser verdaderamente el Mesías. Para él, el Hijo de Dios no comería con pecadores, no invitaría a iletrados pescadores para ser sus discípulos y, mucho menos perdonaría a una prostituta encontrada en pleno adulterio.
Tal vez usted esté pensando que Saulo era un hombre malo. ¡No! Él era muy sincero, pero estaba sinceramente equivocado. Hoy, esto también sucede con muchas personas. Pero Dios que conoce los corazones, conocía la realidad del corazón de Saulo y sabía que él deseaba encontrar la verdad.
Cierto día, mientras caminaba por la ruta a Damasco, Saulo tuvo una experiencia que transformó para siempre, su vida y la historia del cristianismo. Él que tenía la seguridad de que la resurrección de Jesús era una farsa, de repente se encontró en el camino, con Jesús mismo.
“¡Cumplir sus promesas! Son personas que para conseguir alguna bendición de Dios, prometen hacer algún sacrificio.
Alrededor del medio día… estando en el camino, vi una luz del cielo, más resplandeciente que el sol… todos caímos en tierra. Entonces oí una voz que me decía en arameo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Entonces pregunté: “¿Quién eres tú Señor?”. Y el Señor respondió: “Soy Jesús a quien tu estás persiguiendo”. 2
Saulo pensó que Jesús acabaría con su vida, pero Jesús le dijo: “Levántate y ponte sobre tus pies, porque te he aparecido para esto: para constituirte en ministro y testigo de las cosas que has visto de mí y de aquellas en que apareceré a ti”. Hechos 26: 16.
SALVACIÓN POR LA GRACIA
En ese encuentro con Jesús, Saulo experimentó la gracia y transformó su vida. “Y en seguida predicaba a Jesús en las sinagogas, diciendo: ‘Este es el Hijo de Dios”. Hechos 9: 20. Saulo, que era perseguidor de cristianos, pasó a ser llamado como PABLO, el perseguido por causa de Cristo.
Así es la gracia de Jesús en nuestra vida. Puede que usted no se interese por Él. Puede reír, hacer bromas y hasta perseguir a quienes lo siguen. Pero de repente Jesús se aproxima hasta usted y dice: “¡Hijo yo te amo! ¡Te acepto! ¡Te perdono!”.
Vea lo que Pablo escribió acerca de la gracia: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”. Efesios 2: 8. La gracia es un regalo de Dios para usted, es un favor inmerecido. Para recibirlo usted sólo debe aceptar ese regalo. ¡La gracia, es de gracia!
Años atrás hubo una conferencia en Inglaterra. ¿El objetivo? Comparar las religiones. Teólogos del mundo entero debatían para descubrir una creencia común y exclusiva del cristianismo.
El debate prosiguió durante algún tiempo, hasta que C.S. Lewis entró en el recinto… y escuchando las respuestas de sus colegas, quienes estaban discutiendo acerca de la contribución única del cristianismo entre las religiones del mundo, Lewis respondió: “Eso es fácil, es la GRACIA”3.
Cada religión presenta un camino para alcanzar la salvación:
- El budismo señala un camino de ocho pasos;
- El hinduismo enseña la doctrina del karma.
- El judaísmo predica la alianza judaica.
- Los musulmanes predican su código de ley.
La gracia de Dios no podría ser inventada por alguna persona. Ella está en contra de cada instinto humano. Es injusta a nuestros ojos. Dios debería darnos la recompensa que merecemos, y lo que merecemos es la muerte, pues “la paga del pecado es la muerte”. Nuestra comprensión de justicia es limitada, pero la gracia de Cristo está más allá de lo que nuestra mente finita puede comprender, “porque el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor”. Romanos 6: 23.
Pablo entendió que la salvación no puede ser adquirida mediante “obras de la ley”, legalismo, en otras palabras, por guardar los mandamientos como un medio de salvación. Él notó que, sólo a través de la gracia de Cristo, podemos ser justificados: “Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado. Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Romanos 3: 20 y 24.
Mientras se predica la salvación a través de la caridad, de las promesas de sacrificio hechas a Dios, y de otras peregrinaciones hechas a Dios, el Señor nos invita a que abracemos la salvación “de gracia”.
Después de su transformación, Pablo comenzó a estudiar y meditar en las enseñazas de Jesús, en su vida de amor y servicio. Y encontró entre las enseñazas de Jesús lo siguiente: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Juan 14: 15.
“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. Juan 15: 10.
Inicialmente parecía antagónico aceptar la salvación por la gracia y al mismo tiempo guardar los mandamientos, pero enseguida notó que Jesús unía ley y amor fácilmente en sus palabras.
En el Sermón del Monte, Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir”. Mateo 5: 17.
Pablo entendió que Jesús no desplazó la ley: “¿Anularemos la ley, pues por la fe? ¡No! ¡De ninguna manera! Antes confirmamos la ley”. Romanos 3: 31. En otras palabras, Pablo está diciendo: “Cuando amo a Jesús y tengo fe en Él, no estoy anulando la ley, sino confirmándola a través de mis acciones”. Si Jesús no vino a abolir, ¿para qué sirve la ley?
EL PROPÓSITO DE LA LEY
1 No tendrás otros dioses delante de mí.
2 No te harás imágenes de escultura.
3 No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.
4
5 Honra a tu padre y a tu madre.
6 No matarás.
7 No adulterarás.
8 No hurtarás.
9 No dirás falso testimonio.
10 No codiciarás.
La ley de Dios es la expresión de su carácter, tiene las mismas características de Dios mismo. No necesita de reformas o de actualizaciones; es perfecta y útil para mostrar cual es la voluntad de Dios. Pablo escribió: “La ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno”. Romanos 7: 12.
Cuando estamos en pecado, la ley nos muestra nuestra condición. Si no existiese, nunca sabríamos cuanto nos hemos apartado de Dios. “¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? ¡De ninguna menera! Sino que, no hubiese conocido el pecado, si no fuese por intermedio de la ley”. Romanos 7: 7.
La ley señala mi pecado, pero no tiene poder para borrar mis errores, solamente Cristo es capaz de hacer eso, a través de su gracia. La ley revela nuestra necesidad de un Salvador:“De manera que la ley nos sirve de ayo, (maestro), para conducirnos a Cristo a fin de que fuésemos justificados por fe”. Gálatas 3: 24. Vea todo lo que Pablo descubrió y piense: ¿Será que Dios realmente pensó en abolir su ley?
La Biblia dice que “la ley del SEÑOR es perfecta y restaura el alma”. Salmo 19: 7. Si la ley de Dios es perfecta, ¿qué interés puede tener Dios en cambiarla? Dios no cambia. Entonces su ley tampoco cambia. Él dice: “No aumentarán a las palabras que les he ordenado ni de ellas retiraréis nada, mas obedezcan los mandamientos del SEÑOR, tu Dios, que les ordeno”.Deuteronomio 4: 2.
¿Realmente usted cree que Dios abolió su ley? La respuesta está más que comprobada: ¡No! ¿Notó usted que dejé de de citar uno de los mandamientos de la ley de Dios? Es lo que vamos a estudiar en el próximo capítulo: El cuarto mandamiento.
Tiempo para Ti
Cómo restaurar el equilibrio emocional.
Si las últimas décadas se caracterizaron por las victorias de la medicina sobre muchas enfermedades del cuerpo, el desafío del siglo XXI es ayudar a la humanidad a no entrar en un colapso emocional. No se trata solamente de los disturbios serios, que necesitan un tratamiento profesional con terapias y medicamentos, sino del equilibrio emocional del diario vivir. Vale la pena recordar que la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad, es tener bienestar total.
Los especialistas hablan de varios enemigos de la salud emocional, entre ellos la ansiedad y la culpa. Los síntomas pueden percibirse en el padre que pierde el sueño por causa del riesgo del desempleo; en la mujer que vive la presión de combinar el trabajo fuera de la casa con el papel de madre; o en el adolescente que, bombardeado por la propaganda, cree que su valor se mide por la marca de su ropa. Lo peor de la ansiedad es que nos ata al futuro. Coloca la felicidad como algo a ser alcanzado, pero que no está disponible en este momento. Crea un sentimiento de constante insatisfacción, mal humor e intolerancia. Hace que las incertidumbres del mañana nos roben la paz de hoy.
La culpa, a su vez, nos amarra al pasado. Su peso puede ser sentido por los padres que perdieron un hijo por causa de las drogas; por el joven, en otro tiempo ingrato, que ahora toca el ataúd de su madre; o por el marido que carga en sus espaldas la destrucción de su hogar por una aventura amorosa. La culpa que no se resuelve agota las fuerzas. Absorbe todo lo que hay de bueno en nosotros. Se ríe de nuestros sueños de libertad y regeneración, tirando en la cara del culpable una deuda impagable. Genera angustia y depresión. Puede matar.
El problema es moderno, pero la solución de Dios es muy antigua: “No se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas” (S. Mateo 6:34). El consejo es simple y práctico, porque él, en el versículo anterior, promete suplir todas las necesidades de aquellos que lo busquen (vers. 33). Si dudas, mira las aves, que no piden socorro ni hacen nada para merecer que se las auxilie, pero aun así reciben ayuda (vers. 26). El texto incluso dice que es inútil que el hombre se angustie en relación con lo que no puede cambiar, pues lo que está más allá de nosotros debemos confiárselo a Dios (vers. 27). Para los ansiosos, Dios puede quebrar las cadenas que los amarran al futuro.
Con relación a la culpa, algunos psicólogos dirían que el Cristianismo es la religión que más oprime al hombre. Es cierto que una errónea comprensión del carácter divino convirtió la fe en un fardo insoportable. Algunos llegaron a considerar la voz del Diablo más dulce que la de Dios. Pero no es ese el retrato que pinta la Biblia: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (S. Mateo 11:28). El Dios bíblico concede una paz interior que va más allá de todo entendimiento, porque no proviene de las movilizaciones contra la violencia o los acuerdos de cese del fuego, sino de un toque de Aquel que conoce el alma humana. Él es especialista en arrojar las culpas en el fondo del mar y borrar un pasado perturbador.
Consciente del desequilibrio del hombre moderno, Dios proveyó un día por semana para celebrar la libertad emocional. El sábado es el símbolo del cuidado y del perdón de Dios. Del cuidado, por que se acepta el desafío de quedar lejos de las preocupaciones diarias durante 24 horas. Las cuentas y los compromisos no dejan de existir, pero la responsabilidad se comparte con Dios. Fue esa la experiencia del pueblo de Israel en el desierto. Todos los viernes caía maná (pan del Cielo) en doble cantidad, a fin de que el sábado descansaran en la providencia divina (Éxodo 16).
El séptimo día también es el antídoto para la culpa, pues es un regalo, así como el perdón de Dios. Durante el sábado, se nos invita a descansar, no solo físicamente, sino también de nuestros miedos y traumas. Es el abrazo del Padre para el hijo acosado y lastimado. Es un mensaje del Cielo, en el presente, de que es posible vivir libres del pasado y no temerle al futuro.–Wendel Lima.
La ciudadela del alma
La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. Romanos 8:6
Hay dos fuerzas opuestas que luchan en nuestro interior: la actitud pecaminosa, y la que proviene del Espíritu de Dios. Podemos vivir para el bien, o vivir para el mal; la elección es nuestra. La Biblia declara: “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios”
(Rom. 8:7-8).
La lucha suele estar en nuestra mente y afecta a todos nuestros actos, ya que da origen tanto a los deseos santos como a los pecaminosos. Dios nos advierte acerca de los peligros que corremos si permitimos que los pensamientos malsanos controlen nuestra vida: “Como estimaron que no valía la pena tomar en cuenta el conocimiento de Dios, él a su vez los entregó a la depravación mental, para que hicieran lo que no debían hacer” (Rom. 1:28). Lo que vemos y escuchamos, lo que tocamos y olemos, provoca en nosotras sensaciones que darán paso a diversas actitudes.
Elena de White hablaba de “la ciudadela del alma”, afirmando que, como centinelas de la misma, jamás debemos bajar la guardia, ni siquiera un segundo.
Para librarnos de una mentalidad errada, debemos apropiarnos del pacto que Dios hizo con su pueblo: “Pondré mis leyes en su corazón, y las escribiré en su mente” (Heb. 10:16). Nos corresponde poner a un lado y alejar de nuestra vida todo aquello que contamine nuestra mente, y permitir que Dios tome posesión de ella. Estos consejos prácticos pueden ayudarnos en este propósito:
• Cada mañana al despertar, ora y da gracias a Dios por el nuevo día.
• Saluda a todas las personas que te encuentres.
• Realiza una acción generosa a favor de otro.
• No critiques las acciones de los demás.
Por último: “Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio” (Fil. 4:8). En esas cosas, es en lo que realmente merece la pena pensar. Entonces, nuestra conducta irá acorde con ellas.
Recuerda: cuida la ciudadela del alma, que es la mente.
LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER
sábado, 16 de noviembre de 2013
Cambiemos para Bien
Nos escondemos
Para no comprometernos,
Y culpamos a la gente
Culpamos presidentes,
Y sistemas de gobierno
Pero cambiándome a mi mismo
Es como traigo paz a mi tierra,
Porque es en el corazón
Donde comienzan las guerras.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida”.
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