"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

martes, 3 de diciembre de 2013

Héroes

¿Que tiene de distinto y de atractivo mi vida para que Dios encuentre que puede hacer algo grandioso conmigo? – te preguntarás.
Para Dios es grandioso hacer algo distinto a través de personas que tal vez viven sombras del anonimato pero que lo aman en lo más íntimo.
Los llamados “héroes” en la historia bíblica no estaban interesados en honores ni buscaban a Dios para ser promovidos. Ellos simplemente estaban dispuestos a ser herramientas del Cielo. Veían en lo imposible un espacio que se abría para que la gloria de Dios quedara registrada. No se consideraban en curso de una carrera al estrellato ni esperaban llamar la atención de multitudes. No vivían obsesionados en lo que se podía pensar de ellos ni su exposición era parte de un show. Sus actos más heróicos tal vez nunca fueron conocidos, porque las batallas más grandes que vencieron sucedieron contra sus propias debilidades y temores.
Eran hombres y mujeres comunes como tú, como yo, que estuvieron dispuestos a quedar en lo secreto con tal que Dios fuera visto y conocido. Estos héroes se han parecido en algo: Su fe que superaba ampliamente el tamaño de las limitaciones.
Muchas veces he pensado en cómo funcionaría la mente de un héroe. ¿Qué pasaría por allí cuando se acercaba la crisis de un nuevo desafío?
Recuerdo que cuando éramos niños nos divertíamos jugando a hacer figuras con nuestras manitos y las poníamos cerca de la luz. Hacíamos monos, conejos, aves, hasta una jirafa y un león. Se veían tan grandes las figuras en la pared… ¡Y pensar que nuestras manos eran tan pequeñas! Con el tiempo descubrí que aquella diversión me sería útil para entender los asuntos más serios de la vida: Cuando más cerca de la luz puedo estar más grande es lo que puedo hacer con mis manos. ¿Me sigues? Un héroe era alguien que vivía y aplicaba cada día este principio.
Un héroe, como los que Dios fabrica, es alguien que está dispuesto a hacer lo correcto aunque no hubiera quien lo apoye. No cambia de opinión por tener una espada en el cuello, un mar cerrado enfrente, salvajes mandíbulas fieras hambrientas en la oscuridad de un foso, la soledad del doloroso exilio en una isla inhabitada, la persecución de un rey despiadado, las espaldas de toda una nación, la burla y crueldad de una cruz o la amenaza de la peor de las muertes. No es que no pensaran en consecuencias, sino para que para ellos siempre era más importante la razón por la que hacían lo que hacían. No eran locos ni genios, ni corrían con más ventajas con respecto los demás, sólo creían en lo imposible aunque el resto, generalmente, estaba abierto sólo a soluciones convencionales. Sus logros eran el producto de la voluntad humana que descansa con firmeza en principios divinos.
 Las hazañas de los héroes no nacen en la imaginación de un guionista de ciencia ficción; son resultado de la dependencia de personas comunes de un poder infinito. Los héroes no necesitan trajes especiales para cumplir su misión, a ellos les alcanza con revestirse de fe. Los verdaderos héroes jamás piensan que son ellos y sólo ellos quienes pueden resolver las situaciones, simplemente aparecen como representantes de Quien lo hará. Un verdadero héroe no lleva vidas paralelas para ocultar su verdadera identidad, le alcanza y sobra confesarse como hijo de Dios.
Un héroe es, en esencia, un hombre de fe que entiende que está llamado a realizar los planes de un Dios que no conoce límites.
Los héroes no se convierten en lo que son por perseguir recompensas ni soñar con aplausos, sino por vivir con ideales que reflejan disposición, humildad y confianza plena en Quien los ha llamado.
En algún momento, un héroe descubre que al Señor le hace feliz redactar sus hazañas con la tinta desechada de la humanidad.
Por: Luis Cesar Caballero

Por eso me llaman ¨discípulo¨.

Mi mayor título es ser hijo de Dios.
Mi más grande honor es representarlo. 
Mi esperanza realizar Su propósito.
Mi deseo por encima de todos es cumplir Su voluntad. 
Mi ambición es ser un buen siervo.
Mi anhelo es vivir a la altura de Sus expectativas.
Mi privilegio es realizar lo que otros no intentaron por considerarlo imposible.
Mi desafío es superarme a mí mismo. 
Mi ideal es que mis proyectos nunca sean más trascendentes que la razón por la que los realizo. 
Mi empeño es dejarme guiar cada día. 
Mi interés es que Dios sea reconocido. 
Mi gloria es reflejar Su amor. 
Mi obligación es mirar a las personas como un fin y no como un medio.
Mi misión es dar lo mejor en la situación que esté. 
Mi logro es haber entendido que el otro es tan importante como yo. 
Mi meta es caminar hasta el final junto al más débil. 
Mi aspiración es que el necesitado me vea como un hermano. 
Mi temor es ser contado con los que vivieron sólo para sí. 
Mi seguridad proviene de conocer a Quién sirvo. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

¡Dile a tu DIOS que te ayude!

Todo lo Podemos en Cristo que nos Fortalece
Filipense 4: 13

Dios si Existe! 1era, 2da, y 3era parte!

Examínate a ti misma

Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados.

Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño.

Salmo 32:1-2

 Millones de personas padecen en la actualidad diversas enfermedades físicas y mentales como consecuencia de algún sentimiento de culpa largamente abrigado. Dicho sentimiento puede ser algo que incluso retrase el desarrollo personal Los afectados sienten tristeza, ansiedad, y quizá algún tipo de agresividad dirigida hacia ellos mismos y hacia los demás.

En ocasiones la sensación de culpa surge como resultado de aquellos errores que no se han superado, así como por el daño que los mismos podrían haber causado a otras personas. Por ejemplo, una madre que vive castigándose cada día porque se siente culpable de la adicción a las drogas de su hijo, pensando que no le prestó suficiente atención cuando era pequeño. Ese sentimiento de culpa incide directamente sobre todas su acciones y pensamientos, y de esa manera queda atrapada en la red.

El sentimiento de culpa es uno de los más amargos resultados del pecado. Esa fue probablemente la condición que afectó a Adán y Eva tras la muerte de su hijo Abel a manos de Caín. Quizás ellos se sentían culpables por el ejemplo que habían dado a sus hijos, o por haber sido los iniciadores del pecado en su propio hogar.

Ahora estaban cosechando los frutos de su propia desobediencia.

Si experimentamos algún sentimiento de culpa, es necesario que nos examinemos a nosotras mismas con el fin de erradicarlo. El primer paso que hemos de dar consiste en recordar que Dios perdona todos nuestros pecados, y que de igual forma hemos de perdonarnos a nosotras mismas. Si así actuamos, quedaremos libres de la amargura y de la ansiedad.

Vivir bajo el peso de la culpa es una tortura que nos puede llevar incluso a la muerte. Fue ese el sentimiento que invadió a Judas Iscariote después de haber traicionado al Maestro: “Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó” (Mat. 27:5).

Recuerda que nuestro amante Dios nos ofrece libertad de todo mal y dolencia.

Hoy es el mejor de los días para que nos aferremos a su perdón y seamos libres.

Dios te dice: “Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados” (Isa. 43:25).

¿Que Ha Hecho Dios En Tu Vida? ♥

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