"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

lunes, 21 de abril de 2014

Camporee de Liderazgo Morichal 2014


Buenos días a Todos mis amados amigos y hermanos en Cristo.
Disculpen mi ausencia pero me encontraba de viaje  y por tal motivo no pude realizar mas entradas, pero déjenme decirles que me encontraba en un Campamento de Liderazgo Juvenil; alimentándome Espiritualmente para la Gloria de Dios, y he tenido la dicha de presenciar la Gloria de Dios en ese lugar, con la presencia de 5441 acampantes de todas partes de Venezuela, casi 200 Bautismos para la Gloria de Dios, y hermosas Alabanzas que elevaban mi Espíritu a la Presencia de Dios...
También pude disfrutar de las hermosas predicaciones del Pastor Manni Cruz de la Florida. La cual Dios le proveo de Sabiduría para Exhortar a los Jóvenes, adultos y niños que se encontraban en ese lugar durante estos 6 días de semana santa en Morichal.

Hermosa Experiencia llena de Gozo y alegría a mi corazón.
No decaigamos mis queridos amigos, si el enemigo toca nuestro corazón... digamosle un  NOOOOOO Rotundo, porque Cristo mora allí !!!

 


 


 

 

 

"Dios desea tener un pueblo preparado y que sus hijos crezcan espiritualmente
para la Gloria y Honra de Dios"




  





Grande es tu misericordia

“Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de m í su misericordia”. Salmo 66:20.

Parecía que mis esperanzas se evaporaban.

Cuando terminé mis estudios secundarios me di cuenta de que continuar estudios superiores era muy costoso y mi familia no tenía posibilidades de asumir esa inversión. Con el paso de los días, mi sueño de estudiar en una universidad adventista se hizo más grande que las limitaciones que se presentaban en mi camino. Mis padres trabajaban con denuedo, decididos a darnos lo mejor a mis hermanos y a mí. Habíamos asistido a buenos colegios adventistas, pero ir a la universidad era palabra mayor.

Una tarde, cargada de sueños e ilusiones, caí de rodillas. Cuando me puse en pie, sin dudar más, hice mis valijas, decidida a depender de Dios, aunque aún no estaba segura hacia donde iría exactamente.

Al final del día, cuando mis padres llegaron, se encontraron con una maleta llena y una hija que estaba decidida a emprender un largo viaje.

¡Qué sorpresa! Días después, me encontré con una amiga que estudiaba en la Universidad Peruana Unión (UPeU), y me habló de la educación adventista y de la bendición que significa para la vida de una joven. Esa fue la respuesta a mi oración.

Mis padres, con expectativa y cierto temor, me apoyaron, convencidos de que la UPeU era el mejor lugar para una hija de Dios. Pidiendo la dirección del Señor, me acompañaron a hacer los trámites necesarios para salir del país. Cuando reuní todos los requisitos para ingresar en la universidad, viajé al Perú donde se encuentra la Universidad. Mi corazón latía fuertemente porque mi sueño empezaba a hacerse realidad.

Me inscribí en la carrera de Psicología. Cada año Dios proveyó los medios para estudiar. A veces parecía que no podría continuar, pero una y otras puertas se abrían y llegaba la salida para las dificultades económicas.

Esta aventura de fe no quedó allí. Cuando finalicé mi carrera, Dios me tenía preparado un compañero, con quien formé una familia feliz que sirve a Dios y a la Iglesia. Hace unos meses recibí el mejor regalo del Cielo: mi hijo Matías, una razón más para agradecer y alabar al Creador, porque infinitas son sus misericordias cada mañana.

Sandra V. Revelo Aulestia de Quinteros, Perú

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

jueves, 10 de abril de 2014

Parábola de la fiesta de bodas


22  Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;
y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.
Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.
12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.




Enciende mi lámpara

“Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas”. Salmo 18:28.

Era una oscura noche de otoño en aquella casa de campo. La reunión familiar y nuestro juego infantil habían culminado, mientras la única lámpara encendida era apagada.

¡Qué alegría era para mí visitar el campo de mis  abuelos! Todo era perfecto hasta que llegaba la noche.

La absoluta oscuridad y el ladrido permanente de los perros no me permitían conciliar el sueño.

Acostada sola en aquel catre, junto a la ventana, entre lágrimas exclamé: “¡Mamá, tengo miedo, no puedo dormir aquí!” Entonces, oí su voz dulce y segura: “Tranquila, duerme y no tengas temor”.

La oscuridad y las tinieblas son sinónimos de inseguridad y miedo. La luz, en cambio, es sinónimo de seguridad y certeza. En la parábola de las diez vírgenes invitadas a la boda, el mensaje es muy claro: las lámparas debían permanecer encendidas.

Las lámparas cumplían una función muy importante en los tiempos bíblicos. Ardían toda la noche aun en los hogares más humildes. La mujer virtuosa nunca permitiría que la lámpara de su hogar se apagara (Prov. 31:18). David, haciendo referencia a aquellas lámparas, las compara con nuestra vida: “Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas” (Sal. 18:28). En otras palabras: Señor, tú enciendes mi vida, la llenas de luz para que pueda irradiarla a los que me rodean y caminar segura aun en medio de las tinieblas.

Cada mañana necesitamos recibir la luz de Dios, nuestro Creador y Sustentador. Nuestra vida es una lámpara que debemos mantener limpia, despabilada, llena de aceite y a la vista, ya que no sabemos hasta dónde puede llegar la luz que irradia. Una lámpara puede ser muy fina, costosa y original, pero si no alumbra, solo será un adorno que, con el tiempo, envejecerá y perderá su encanto.

Busquemos cada día llenar nuestra vida de la Luz Verdadera, la única que nos permitirá transitar seguras aun en incertidumbre y tinieblas. ¡Qué alentador será escuchar la voz del Señor diciendo: “Tranquila, camina y no tengas temor”!

Que al comenzar este día puedas exclamar: “¡Padre: enciende hoy mi lámpara, sé mi luz en las tinieblas! ¡Que mi vida pueda irradiar tu luz!”

Myriam Peiretti de Presser, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

miércoles, 9 de abril de 2014

En sus brazos no hay temor

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor […]”. 1 Juan 4:8, 18.

Mi sobrina Catalina y yo estábamos pasando algunas horas preciosas. Con su añito y medio y sus ganas de descubrir la vida compartíamos juegos, música y algún quehacer doméstico.

De pronto, noté que su sonrisa había desaparecido y el miedo se había apoderado de todo su cuerpecito. Una ambulancia pasaba por la calle haciendo sonar la sirena. Ella corrió hacia mí tan rápido como pudo alzando sus bracitos, mientras una catarata de lágrimas inundaba su rostro.

Ya en mis brazos, se fue tranquilizando mientras la abrazaba y consolaba.

Poco a poco, entre lágrimas y balbuceos, en su rostro asomó nuevamente una sonrisa.

Quedé pensando en lo sucedido. En la vida, ¡cuántas cosas asoman repentina y amenazadoramente, llenando con miedo cada rincón de nuestra mente! Miedo real o imaginario, conocido o no. No importa. Es miedo al fin. Miedo a quedar sola, al peligro, a ser rechazada, a fracasar, a equivocarte, a lo nuevo, al futuro… Hay tantas clases de miedo como personas existen, o tal vez más.

Satanás disfruta desde el Edén manipulándonos mediante el miedo.

“Tuve miedo… y me escondí”, fue la reacción de Adán (Gén. 3:10). Así busca conseguir sus objetivos con esa herramienta tan exitosa que acorrala, paraliza, enferma, tuerce el rumbo. De esta manera procura obligarnos a tomar decisiones equivocadas y tenernos sujetos a su voluntad.

A diferencia de Catalina, ¡cuán pocas veces corremos directamente a los brazos del Único capaz de ponernos a salvo, sino que antes intentamos una infinidad de cosas hasta quedar exhaustos bajo el peso del miedo! Jesús dijo que vino para que tengamos vida en abundancia. Eso incluye librarnos de la esclavitud del miedo.

Querida amiga, si el miedo está intentando clavar sus garras en tu alma, no busques refugio en ningún otro sitio, no pierdas el tiempo ni tu preciosa vida. Ve directamente a quien te ama más que nadie en el universo y sabe perfectamente qué es lo que necesitas. El te dice: “No temas, yo te ayudo” (Isa. 41:13). Así, segura en sus brazos, podrás secarte las lágrimas, volver a sonreír.

Anny Walter de Gilí, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

¿Que Ha Hecho Dios En Tu Vida? ♥

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