"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

sábado, 16 de noviembre de 2013

Viviendo en el Presente

Si el hacha pierde su filo, y no se vuelve a afilar, hay que golpear con más fuerza.

El éxito radica en la acción sabia y bien ejecutada. Eclesiastés 10:10

 
Lo que hoy es, mañana estará en el pasado. Lo que hicimos y dejamos de hacer quedará registrado en el Libro de la Vida. El “ahora” contiene todos los elementos necesarios para construir el futuro. No te quedes estancada en los errores, mira hacia el mañana. Dios te ha dado cinco sentidos para que disfrutes de tu entorno.

Hay tantas cosas hermosas que oler, ver, sentir, saborear, escuchar. ¡Todas son dones divinos!

Descubre cada día alguna nueva capacidad que quizá esté latente en tu vida a la espera de que la uses. Toma un lápiz y enumera las bendiciones que Dios te ha dado. Abre la ventana y disfruta del cielo con sus múltiples formas y colores. Acerca tu mano a la mejilla de un bebé y acaríciala. Disfruta la belleza de la sencilla flor que nace a la vera del camino, deléitate con su sutil fragancia. Aprenderás maravillosas lecciones que te harán crecer, y lograrán que tu existencia esté rodeada de paz y del mejor aprendizaje. Entonces también podrás exclamar: “Vengan y vean las proezas de Dios, sus obras portentosas en nuestro favor!” (Sal. 66:5).

El “hoy” nos pertenece. Hagamos de él lo mejor de la vida. Cuando pasen los años, regresará transformado en recuerdos que han de llenar los espacios vacíos del alma. Luego te darás cuenta de todo lo que has construido con la ayuda de Dios y con tu firme determinación. Aprende a elegir correctamente. Somete tus decisiones a la voluntad de Dios y alégrate de los resultados. El Señor te ha concedido el libre albedrío, y eso te permitirá vivir en libertad. Está en tu poder decir “no” o decir “sí”. Para avanzar en la vida necesitas ser asertiva, una cualidad que podrás cultivar si actúas conforme a la voluntad de Dios.

El presente no es para que te preocupes, sino para que te ocupes en las cosas de provecho del diario vivir. Deja de esperar que lo bueno surja en el futuro, pues podría acontecer ahora, si te dispones a vivir sabiamente.

Amiga, este es el momento de actuar. ¡Adelante! Enfrenta tus desafíos y confía en Dios. Exclama como el salmista: “Bendito sea el Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la guerra, mis dedos para la batalla” (Sal. 144:1).

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

Mi Regalo viene de lo Alto


Maravilloso Dios que cada día me Bendice 
viendo crecer a mis Hijos...


jueves, 14 de noviembre de 2013

Caminó sobre el Mar

Sálvame, Dios mío, que las aguas ya me llegan al cuello. Me estoy hundiendo en una ciénaga profunda, y no tengo dónde apoyar el pie. Estoy en medio de profundas aguas, y me arrastra la corriente (Salmo 69:1, 2).

 El 26 de diciembre de 2004 un tremendo tsunami devastó las costas de catorce países en el océano Índico. El detonador fue un movimiento sísmico que tuvo su epicentro a ciento sesenta kilómetros de la isla Simeulue, al oeste de Sumatra, donde una falla en la placa tectónica ubicada a treinta kilómetros de profundidad se hundió más de veinte metros, lo que produjo un sismo de magnitud de entre 9,1 y 9,3 grados en la escala Richter.

El sismo produjo una ola de treinta metros de altura que mató aproximadamente a doscientas treinta mil personas en los diversos países. ¿Te imaginas cómo podrías huir de una ola de ese tamaño?

Muchas veces las pruebas que enfrentamos son como tsunamis que golpean nuestra vida. Por ejemplo, una enfermedad devastadora que arrasa con tus finanzas y de todas maneras tus seres queridos no tienen perspectivas de salvarse; o un vicio que no puedes controlar; el deseo imperioso y urgente de hacer algo que sabes a la larga te perjudicará pero no lo puedes evitar. Es como sentir que te hundes, te ahogas poco a poco.

Si lees los Salmos, te darás cuenta de que las muchas aguas, o las aguas profundas, son símbolos de los enemigos del justo. Si lees el Salmo 69 verás claramente que las aguas profundas se refieren a los adversarios del salmista, que quieren tragárselo vivo. La misma idea puedes encontrarla en el Salmo 144 y en otros salmos.

La Biblia dice algo más de las aguas profundas o el mar. Dios es más poderoso que el mar y gobierna sobre él. Job 38:8 dice que el Señor lo encerró con puertas. En el Salmo 74:13 se dice que Dios divide el mar con su poder y Job 9:8 e Isaías 43:16 dicen que Dios abre camino en el mar y anda sobre él. Mi texto preferido al respecto es Salmo 77:16, que describe cómo el mar tiembla de miedo cuando Dios se acerca. Sí, nuestro Dios es todopoderoso.

Lo demostró en la salida de Egipto cuando abrió el mar para que pasara su pueblo.

La promesa de Dios es grandiosa. Él quiere abrir las aguas que amenazan tu vida para que obtengas la victoria. ¿Se lo permitirás hoy?

¿Habrá algo más pesado?

“Si se enojan, no pequen”.

No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo. Efesios 4:26-27

 
El enojo es una de las emociones humanas clasificadas como “negativas”, y eso se debe principalmente a las muchas consecuencias perjudiciales que dicha actitud puede provocar, y de hecho provoca, en la vida de millones de personas. El enojo puede tener su origen en la frustración, en los intentos fallidos por conseguir algo, o en algún dolor psicológico o físico.

Muchas personas dirigen su enojo hacia sí mismas cuando están enojadas por algo o con alguien. Llegan a pensar que son torpes y que están destinadas al fracaso (si no se ven ya como fracasados). Otras dirigen su incomodidad hacia los demás. Quizá tengan envidia del bienestar que otros disfrutan, o se consideren poco afortunadas pensando que Dios las ha abandonado. Creen que el Señor provee para los demás, pero que no lo hace de la misma manera para ellos. Son personas incapaces de disfrutar de los favores divinos y de las bendiciones que reciben, asumiendo en ocasiones un papel de víctimas sufrientes.

Nadie está libre del enojo. Esta emoción es propia de la naturaleza humana y todos mostramos una propensión a ella a cada paso que damos. Sin embargo, cuando el enojo nos envuelve porque no somos capaces de controlarlo, y eso hace que nos olvidemos del poder de Dios para afrontar las circunstancias, corremos un grave peligro. El teólogo escocés Hugh Black decía: “Si un hombre fomenta el enojo, si permite que su mente llegue a ser un nido de pasiones inmundas, de malicia, odio y deseos malignos, ¿cómo podrá habitar en su interior el amor de Dios?”.

El enojo permanente tiende a causar efectos permanentes en nuestro ser, y algunos de ellos podrían ser irreversibles. Aconsejaba el apóstol Pablo: ““Si se enojan, no pequen”. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo” (Efe. 4:26-27). Dios nos ha dado dos recursos maravillosos para despojarnos de la carga que produce el enojo, antes de que eche raíces en nuestra vida. Primero la oración, un medio por el cual nos comunicamos con lo divino.

En segunda instancia, el perdón, que es la obra de Dios en el corazón humilde de alguien que no desea ser juez de los demás, sino que da lugar para que actúe la justicia divina.

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

¿Que Ha Hecho Dios En Tu Vida? ♥

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