viernes, 21 de marzo de 2014
Un pacto eterno
“Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos un pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí”. Jeremías 32: 39, 40.
El mal crece cada día y debemos convivir con él. Nos enteramos de que alguien que conocemos lleva una doble vida. Ese hombre que aparenta ser un buen padre dice palabras soeces frente a sus hijos.
Nuestro joven vecino tiene tres hijos con diferentes mujeres.
Una amiga que está a punto de casarse se entera de que su novio dejó embarazada a otra mujer. Una esposa moderna le pide el divorcio a su marido simplemente porque “dejó de quererlo”.
Problemas y pecados de todo tipo nos rodean, están frente a nosotros, nos asechan, tienden a enredarnos y a hacernos caer. ¿Cómo nos libraremos de ellos p ara llegar a ser ese pueblo especial, escogido, que Dios desea que seamos?
En el pasado, Daniel y sus tres compañeros hicieron caso omiso de las creencias que estaban en boga en su tiempo y eligieron vivir según las normas divinas, y Dios aprobó su conducta y los libró de todo mal.
La mujer comprometida con Dios no abandona a su marido, no rompe la relación con su m adre, no ignora las necesidades de su prójimo, no insiste en vivir al margen de las normas de Dios. Más bien escoge ser obediente aunque eso vaya en contra de sí misma, mantiene su compromiso con los que la rodean, reconoce y respeta las obligaciones de la promesa dada y reconoce que su influencia puede ganar almas para el bien o ponerlas en el camino de Satanás.
En nuestra época evitar consecuencias o ignorar principios es algo demasiado frecuente, por eso la mujer que actúa según compromisos firmes y se esmera por mantener relaciones saludables es una mujer según el corazón de Dios, una persona especial en Cristo Jesús.
Querida amiga, parafraseando Proverbios 23:7 podemos decir que “cual es su pensamiento en su corazón, tal es ella”. Es mi deseo y oración que Dios nos ayude a sintonizar, a comprometer nuestra mente y nuestro corazón con su Palabra, y luego a vivir en consecuencia. Entonces, grandes bendiciones están reservadas para nosotras.
Luz Patricia Meza Pacahuala de Díaz, Perú
83DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER
lunes, 17 de marzo de 2014
¿Vivos o muertos?
A veces caemos en el error de pensar, “para qué trabajar para Dios en esa área, si ya hay quién lo haga, ellos no me necesitan”. Quizá algunos incluso han pensado que unos trabajos no son dignos de ellos y que preferiblemente deberíamos estar haciendo otra cosa para el Señor. Pero que equivocados al pensar que somos indispensables para la obra de Dios, que sin nosotros no funcionara como debe funcionar. Que equivocados estamos al pensar que Dios nos necesita, pero queremos hacernos los difíciles o los desentendidos. Mi querido amigo, quien necesita el trabajo eres tú, eres tú quien necesita de Dios. Tú serás el único beneficiado, sin ti de igual manera la obra funcionará y se terminará, pero tú sin tu trabajo para Dios estarás incompleto, o es que acaso ¿qué es tu fe si no va acompañada de obras?
Quizá te sea difícil sentir el deseo de trabajar en la obra del Señor, quizá es difícil pensar en obtener una responsabilidad o imaginarnos que debemos entregar parte de nuestro tiempo para el servicio a Dios. Le tememos al compromiso o no nos sentimos listos para ser una cara visible de Cristo ante la sociedad.
¿Has pensado por qué te cuesta tanto? ¿Has pensado por qué no estás allá trabajando como los demás para Dios? ¿Por qué faltas a los compromisos que te haces y al final de cuentas pareciera que ni te importara? La razón por la que seguimos estancados y no podemos avanzar en la obra de Dios es simplemente porque creemos que hemos muerto, pero en realidad aún nos encontramos vivos. Somos como zombies, aparentemente hemos muerto pero en realidad nos encontramos vivos al viejo yo.
Mi querido amigo, muere con Cristo, muere a las apariencias, muere a los prejuicios, muere a los comentarios mal intencionados, muere a la falta de disposición, muere al viejo hombre que prefiere gastar su tiempo en cosas que no te llevan a tu meta final junto a Cristo Jesús.
Hoy he venido a decirte que tu fe necesita ser viva, levántate de esa silla, acepta el privilegio, colócate a la disposición del Maestro y estando en ese lugar entenderás que quien lo necesitaba eras tú, no él.
Escrito por: Jazmin Barros Navarro
Narrado por : Jazmin Barros Navarro
Narrado por : Jazmin Barros Navarro
Eduquemos nuestro cerebro
“La necedad está ligada en el corazón del muchacho, mas la vara de la corrección la alejará de él” Proverbios 22:15
Los neurólogos contemporáneos conciben el cerebro como tres computadoras interconectadas, fusionadas en una sola estructura, cada una con su inteligencia particular. El primer cerebro, llamado reptiliano o posterior, se comporta de manera similar al de los reptiles y cumple funciones básicas. Es el responsable de nuestra tendencia a mantener una existencia rígida, obsesiva y casi programada. Es repetitivo, nunca improvisa o investiga nuevas formas de hacer las cosas y no aprende de sus equivocaciones. Este cerebro es totalmente reacio a cambiar de lugar de residencia, de hábitos o de actitudes.
El segundo cerebro, o sistema límbico, es donde procesamos nuestras emociones y las relaciones con los demás. Nos ayuda a evitar el dolor y buscar el placer. Controla los sistemas hormonales, inmunológicos y sexuales del organismo, y la memoria.
El tercer cerebro, o corteza cerebral, se encarga de solucionar problemas, desarrollar la memoria y generar creatividad. Tiene dos hemisferios definidos, cada uno con funciones asociadas. Nos permite razonar y establecer relaciones.
Es importante conocer el funcionamiento de nuestro cerebro, sobre todo cuando tenemos que educar a nuestros hijos. Dios los creó perfectos, para que pudieran utilizar todas sus facultades, pero muchas veces nosotras tendemos a estimularles más el predominio del primer cerebro, que tiende a hacerlos testarudos y obsesivos, por lo que nuestros hijos adquieren malos hábitos y actitudes que en el futuro serán muy difíciles de cambiar.
También podemos caer en el error de educar demasiado el segundo cerebro, y nuestros hijos se transformarán en personas dominadas por sus emociones, inhabilitadas para tomar buenas decisiones.
Finalmente está nuestra corteza cerebral, la cual Dios nos dio exclusivamente a los seres humanos, que nos permite crecer en sabiduría y gracia para con Dios y los hombres (ver Luc. 2:52).
Que Dios nos ayude a preocuparnos por estimular a nuestros hijos y luchar para que este cerebro domine a los otros dos que están llenos de necedad y obstinación, y no al revés.
Noemí Ríos, Chile
Tomado de:
Lecturas devocionales para Damas 2014
“De mujer a mujer”
Furá
Si temes atacar, baja primero al campamento, con tu criado Furá, y escucha lo que digan. Después de eso cobrarás valor para atacar el campamento.
Jueces 7:10, 11.
Nos encanta sentir que Dios está haciendo un milagro con nosotros, en nosotros y por nosotros. Pero a veces nos toca -solamente- ser testigos de los milagros, y no nos sentimos tan importantes o tan impresionados. Da la sensación de que si el milagro es “nuestro” (quiero decir, con, en o por nosotros) tiene más valor que si es con, en o por otro. Al igual que las tragedias, cuanto más cerca, más terrible.
Furá no era el centro de la historia; él era el ayudante de Gedeón. El milagro no era para él, apenas tenía que acompañar, quizá ver, quizás oír. Pero la orden de Dios a Gedeón fue clara: “Ve con tu criado Furá”. Él tenía que ser testigo de lo que iba a ocurrir. Gedeón obedeció.
Las palabras que el líder del pueblo de Israel escuchó fueron las mismas que escuchó su criado. La Biblia cuenta la reacción que tuvo Gedeón, no dice nada sobre lo que sintió Furá. El milagro no era para él.
Furá podría haberse quedado en el campamento. Podría haberle dicho a su jefe que a esa hora no tenía por qué acompañarlo; que si iba le tenía que pagar horas extras; que el problema con los madianitas y sus amigos era de Gedeón, no suyo; que tenía sueño; que tenía miedo… que el milagro no era para él. No, no fue así. El casi anónimo criado de Gedeón acompañó a su jefe hasta las afueras del campamento enemigo.
Gedeón volvió al campamento seguro de que Dios les había entregado a los incontables enemigos. Se había terminado el problema madianita. Eran libres. Si alguien llegase a dudar de las palabras de este “aventurero”, estaba Furá pronto para testificar de lo que había visto y oído.
Puede ser que el milagro no sea tuyo, que sea para tu amigo, tu pariente, tu hermano, tu vecino o tu “no tan amigo”… pero continúa siendo milagro que Dios regala para liberar a alguien de algún tipo de esclavitud. Alégrate, y testifica del milagro del otro; al final, te puede liberar a ti, también.
Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2014
“365 Vidas”
Por: Milton Betancor
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