"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

martes, 28 de octubre de 2014

Amiga de Dios

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. Proverbios 17:17.
Mi esposo tenía muchos amigos con los cuales compartía momentos de felicidad y camaradería. Un día, cayó víctima de una cruel enfermedad… y desaparecieron todos los amigos. Vivíamos en la misma casa donde tantas veces nos habíamos reunido para compartir momentos de alegría, pero sus amigos pasaban de largo y nunca se detuvieron para saludarlo o darle una palabra de aliento. En los momentos de bonanza y salud, cuando todo está bien, los amigos están presentes, pero cuando la vida azota con crueldad y nos hace olvidar hasta de quiénes somos, suele pasar que nos quedamos solos. En esos momentos no solo valoramos la amistad, sino que nos preguntamos cuáles son nuestros verdaderos amigos y cuál es la verdadera esencia de la amistad.
Mi esposo, mis hijos y yo hemos vivido situaciones muy difíciles en las que si no hubiera sido por el amor de Dios, su presencia, su compañía y su amistad incondicional, no hubiéramos sobrevivido. Dios, en su infinito amor, nunca nos abandonó. Fue entonces cuando entendimos que la única compañía verdadera y restauradora es la de nuestro amado Señor. Los humanos hacen lo que pueden, y a veces pueden poco. Entonces debemos aferrarnos a nuestro gran amigo y hermano mayor, Jesús.
Lo amigos terrenales pueden fallarnos, abandonarnos y hasta negarnos su amistad. Bien lo sabía Job cuando lo perdió todo y en vez de recibir ánimo de sus amigos, ellos lo enfrentaron con críticas y desconfiaron de su integridad: “Todos mis íntimos amigos me aborrecieron, y los que yo amaba se volvieron contra mí” (Job 19:19).
La adversidad por la que nos tocó pasar me enseñó otra lección valiosa que no quiero desaprovechar, y tiene que ver conmigo como amiga. ¿Qué tipo de amiga soy yo? ¿Dadora o demandante? ¿Fiel u “olvidadiza”? ¿Comprensiva o hipersensible? Salomón nos da la clave: “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” (Prov. 18:24).
Quiero ser este tipo de amiga, pero sobre todo, quiero ser amiga de Dios. El Señor dice: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14). Esta es la amistad que debo procurar. La única que durará eternamente.
Olga Sivas de Pravata, Argentina
DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER



jueves, 23 de octubre de 2014

Estad Preparados


También vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Mateo 24:44.

Suponed que Cristo apareciera hoy en las nubes del cielo, ¿quién… estaría listo para encontrarse con él? Suponed que fuéramos trasladados al reino de los cielos así como estamos. ¿Nos hallaríamos preparados para unirnos con los santos de Dios, y vivir en armonía con la familia real, los hijos del Rey celestial? ¿Qué preparación habéis hecho para el juicio? ¿Estáis en paz con Dios?…



¿Estáis procurando ayudar a los que os rodean, los que están en vuestro hogar, en vuestro vecindario, a aquellos con quienes os relacionáis y que no guardan los mandamientos de Dios?… Recordad que la profesión carece de valor sin una práctica que se entreteja con la vida diaria. Dios sabe si en verdad estamos observando su ley. Conoce lo que hacemos, pensamos y decimos. ¿Nos estamos preparando para encontrarnos con el Rey? Cuando venga en las nubes del cielo con poder y grande gloria, ¿podréis decir: “He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará”? Isaías 25:9. A los que puedan decir esto Cristo les dirá: “Venid más alto. En esta tierra me habéis amado. Estuvisteis dispuestos a hacer mi voluntad. Podéis entrar ahora en la Santa Ciudad y recibir la corona de la vida eterna”.



Si fuera posible que se nos admitiera en el cielo como estamos, ¿cuántos de nosotros podríamos mirar a Dios? ¿Cuántos de nosotros tenemos el vestido de bodas? ¿Cuántos de nosotros estamos sin mancha ni arruga o alguna cosa semejante? ¿Cuántos de nosotros somos dignos de recibir la corona de la vida?…   



Este es el tiempo de que disponemos para [308] lavar y planchar: El tiempo cuando hemos de lavar nuestros vestidos en la sangre del  
Cordero… ¿No permitiremos que el pecado se aleje de nosotros?…  
Os ruego, hermanos y hermanas, que trabajéis con fervor para aseguraros la corona de la vida eterna. La recompensa será digna 
del conflicto, digna del esfuerzo… En la carrera que estamos corriendo, cada uno puede recibir la recompensa ofrecida: La corona de 
la vida eterna. Yo anhelo esa corona; quiero decir que deseo lograrla con la ayuda de Dios. Quiero significar que me aferraré a la 
verdad, hasta que pueda ver al Rey en su hermosura.

—The General Conference Bulletin, 6 de abril de 1903.


El poder de una mente positiva

                         “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos”.                                   Proverbios 17:22.

Llegué a la consulta con mucho optimismo, pero al escuchar los resultados de labios de la ginecóloga, me afligí. Mi corazón latía violentamente.

Tendría que posponer todos mis planes, aceptar mi condición y atender mi salud.

Durante los días previos a la cirugía descubrí que mi enfermedad podía llevarme al egocentrismo y la autoconmiseración. El solo pensarlo me aterrorizaba; si yo no actuaba para evitarlo podía entrar en depresión.

Entonces, clamé a Dios por ayuda. Le pedí que controlara mi mente y me ayudara a tener una actitud positiva y un corazón agradecido. A mis familiares y amigas les pedí que me acompañaran con sus oraciones. Sin embargo, entendí que había algo que yo debía hacer para que Dios respondiera mis súplicas y me diera una mente positiva. Lo encontré en Filipenses 4:8. Debía pensar en las cosas “justas, honestas, puras, amables y de buen nombre”, agradecer a Dios por mi enfermedad y alabar su santo nombre.

Para pensar de esta manera, más que nunca antes debía alimentar mi mente con la Palabra de Dios. Compuse una pequeña oración de entrega y esperanza usando unos pocos versículos del salmo 119. Poco a poco la nube que parecía envolverme comenzó a disiparse dejando penetrar la luz del amor de Dios. Sin dudas, las oraciones elevadas en mi favor estaban siendo contestadas.

A los pocos días, el miedo que me apretaba el corazón se transformó en paz y confianza, porque ese Dios que había abierto un camino en el mar y había cuidado de Israel en el desierto era también mi Dios y amante Padre.

Al momento de escribir estas líneas ya he tenido dos cirugías, pero no estoy abatida. Dios me está dotando de la capacidad de ser feliz, de reírme y vivir intensamente un día a la vez. Estoy convencida de que la Palabra de Dios tiene el poder de sanar nuestra mente y transformarnos en personas agradecidas y felices,’sin importar las circunstancias que estemos viviendo.

Amiga, si estás pasando por una situación difícil alza tus ojos al cielo.

Dios está allí. Él no te ha abandonado. Tal vez las nubes lo oculten, pero su oído está atento a tu clamor.

Elia Orellana de Becerra, Argentina

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER


martes, 14 de octubre de 2014

Él conoce mi corazón

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Mateo 7:7.
Ya había vuelto a Dios y lo había aceptado nuevamente en mi vida. En Semana Santa fui a una iglesia católica a comulgar, pero antes debía confesarme. No lo sentía como una necesidad pues ya me había reencontrado con Dios, sin embargo, así era la costumbre en la iglesia. Cuando el sacerdote me preguntó cuál era mi pecado, le dije que había negado a Dios y ahora había vuelto. Me preguntó: “¿Algo más?”, como si negar a Dios no fuera un pecado suficientemente grave. En mi interior condené esa actitud, pero me sentí reconciliada con Dios, y mi fe estaba fortalecida. Concluí que Dios era verdad, pero esa iglesia no presentaba el camino verdadero hacia él.
Mi alma seguía buscando el camino hacia Dios y sentía que algo me impelía a buscarlo con urgencia. Iba de aquí para allá recorriendo los caminos que el mundo me ofrecía: terapias alternativas, gnosticismo, espiritismo. Agradezco la fidelidad de Dios. Él conocía la sinceridad de mi corazón. Luego de asistir una, dos o tres veces a ese tipo de reuniones, salía con el convencimiento de que ese no era el camino verdadero. También traté de llenar ese vacío con una relación sentimental, y el resultado fue al contrario: más desesperación, vacío y un anhelo de conocer esa verdad que me haría libre y calmaría mi ansiedad.
Cansada de caminar en mis propios caminos, una tarde caí de rodillas en mi cuarto clamando: “Dios, si existe un camino para llegar a ti, muéstramelo, ¡por favor! Estoy cansada, afligida, necesito una salida, indícamela”. Deposité toda mi ansiedad en Dios y esperé confiada. Ya no buscaría según mis propios criterios o los de mi entorno, sino que le di la oportunidad a Dios para que él me mostrara su camino de la manera que entendiera más conveniente. Pocos días después llegó la respuesta a mi oración.
Alabado sea Dios que miró mi corazón y escuchó mi clamor. No me ignoró al estar buscando por caminos errados, sino que vio la necesidad de mi alma y mi deseo sincero de llegar a él. Amiga, si Dios cumplió en mi vida su promesa “pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”, también lo hará contigo, si se lo pides. No lo dudes.

Giselle Iturralde de Vicente,
DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER

lunes, 29 de septiembre de 2014

Benditas mudanzas

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”.  Génesis 12:1, 2.

Como matrimonio era nuestra primera mudanza. La nueva ciudad distaba a unos 500 kilómetros al norte de donde estábamos, en Argentina. Yo no estaba muy convencida del traslado, así que mi tristeza muy pronto se tradujo en lágrimas. Habré llorado mucho en el viaje, tanto como para llamarle la atención al guarda del colectivo, quien preguntó por mi salud.

Pasaron un par de años hasta que yo me pude sentir bien en aquella ciudad. El clima, las comidas, los mosquitos, la música y hasta la manera de hablar eran diferentes. La adaptación me costó tiempo y esfuerzo. Esa fue la primera mudanza, después vinieron ocho más.

Ahora puedo decir que cada traslado me resultó una verdadera bendición. Si bien hay muchas cosas que se pierden al cambiar de ciudad también hay que estar preparada para saber ganar muchas otras: amigos, recuerdos, experiencias y crecimiento personal, por citar algunas. En las distintas iglesias donde trabajamos encontré a mi verdadera familia del cielo. Todas ellas fueron algo especial.

Detrás de todos esos felices recuerdos que llenan mi vida hay algo que me sorprende mucho y que deseo compartir contigo. Soy docente. Desde soltera ejercí esta profesión que amo. Y, a pesar de tantos cambios, pude desarrollar mi vocación en numerosas instituciones educativas, la mayoría de ellas del estado. Debo reconocer que no fue fácil, pero extrañamente el Señor tenía preparado para mí, en cada ciudad donde íbamos, un trabajo mejor que el anterior.

En estos momentos disfruto de la jubilación, y quiero dar testimonio de la protección y dirección divinas en cada uno de los años de trabajo. Los cambios y las mudanzas me costaron dolor y lágrimas, pero soy testigo de la constante paciencia y fidelidad del Señor cuando yo me alejaba “de mi tierra y de mi parentela”. Él cumplió su promesa: “Te bendeciré… y serás bendición”, y anhelo verlo pronto para agradecerle personalmente.

Cecilia Mondragón de Hengen, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER



¿Que Ha Hecho Dios En Tu Vida? ♥

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