"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

domingo, 6 de abril de 2014

El viaje más importante de mi vida

“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”. Romanos 12:12.

Regresaba con mi familia de una asamblea ministerial.

Era de noche y hacía frío, pero íbamos cantando felices. De pronto, entramos en una curva peligrosa, cuando repentinamente vi que una llanta delantera del auto salió disparada. Perdimos  el control e íbamos directo a estrellarnos contra un inmenso cerro. Mi esposo giró el volante, el auto dio una vuelta y quedó colgado en una cuneta, a un metro de un precipicio que terminaba en un profundo río.

No podíamos salir del auto. No sabíamos dónde estábamos. No teníamos señal para los celulares, no podíamos pedir auxilio. Mi hijo Josué salió por la ventana y tirándonos de los pies, logró sacarnos a todos.

Como pudo, mi esposo fue a conseguir ayuda y pronto llegó la policía trayendo camillas. Mirando el auto, preguntaron asombrados:

-¿Dónde están los muertos y heridos?

Les dijimos que estábamos todos ilesos. Un policía, molesto, replicó:

-No es un chiste, esto es un accidente. ¿Dónde están los pasajeros que viajaban en el auto?

-Somos nosotros -contesté.

-¡Qué raro! -dijo-. En los accidentes de esta curva mueren todos. No hay escapatoria: o se estrellan contra la roca o se ahogan en el río. ¿Quiénes son ustedes?

-Somos ministros del evangelio de salvación dije-. Mañana iniciamos una campaña de evangelismo en Uctubamba. Por eso Dios nos preservó la vida, aunque el auto esté destruido. También permitió este accidente para salvarlo a usted y a su familia, porque los ama.

El hombre cambió el semblante, y muy triste comentó:

-Usted tiene razón. Esta noche iba a suicidarme. Fui a despedirme de mis hijos, pero al ver que estaban dormidos, ignorando que su padre iba a dejarlos huérfanos, se me partió el corazón… fue entonces cuando me avisaron de este accidente.

-Busque una Iglesia Adventista y entréguese a Cristo -insistí- El murió en la cruz para salvarlo. Pronto vendrá a buscarlo y lo llevará al cielo a vivir por la eternidad. Amigo, nada sucede en nuestra vida por causalidad. Hoy Dios lo invita a entregarle su corazón y volver junto a su familia. ¡Este ha sido el accidente más importante de su vida!

Nelbith Pérez de García, Perú

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

Conozca los beneficios de la vitamina E

La vitamina E es un antioxidante que previene las enfermedades, activa la circulación y acelera la cicatrización. Su consumo tiene múltiples propiedades satisfactorias para el organismo, incluso puede retrasar la aparición del Alzheimer.
La Organización Mundial de la Salud recomienda el consumo de 30 miligramos diarios de VITAMINA E, que pueden consumirse como complemento alimenticio, en cápsulas, pero lo más recomendable es hacerlo a través de los alimentos.
Su principal función es ser un agente antioxidante, se almacena en el tejido adiposo por lo que no se elimina del cuerpo fácilmente. Protege contra la destrucción de la vitamina A, el selenio, los aminoácidos sulfurados y la vitamina C.
Alivia la fatiga, previene y disuelve los coágulos sanguíneos y protege a los pulmones de la contaminación. Proporciona oxígeno al organismo y retarda el envejecimiento celular, por lo que mantiene joven el cuerpo.
También acelera la cicatrización de las quemaduras, ayuda a prevenir los abortos espontáneos y calambres en las piernas. Es vital para el metabolismo del hígado, del tejido muscular y del miocardio; también es esencial en la formación de fibras colágenas y elásticas del tejido conjuntivo.
El consumo de la vitamina E puede ser capaz de retrasar los efectos devastadores en la memoria, producidos por el Alzheimer.

jueves, 3 de abril de 2014

Servir es amar

“Y le hicieron allí una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él”.

 Juan 12:2.

En las tres oportunidades en que los evangelios hablan acerca de Marta, la describen como una buena anfitriona. Algunos cuestionan la conducta de Marta afirmando que solo estaba capacitada para realizar tareas domésticas y se interesaba únicamente por lo material, en contraste con su hermana, que asignaba más importancia a lo espiritual.

Podríamos ensayar muchas hipótesis, sin embargo estoy segura de que Marta hacía sus tareas tan bien que los autores de los evangelios la mencionaban para destacar justamente ese talento: el servicio.

Todas las mujeres tenemos dones y talentos, que al ser colocados al servicio del Señor son una bendición para toda la red social con quienes interactuamos en la vida cotidiana. Entre esos actos de servicio está el trabajo doméstico. Considerarlo como expresión de servicio puede parecer absurdo en estos tiempos, ya que las mujeres han logrado niveles académicos y laborales que les impiden realizar el trabajo de casa, pero como acto de amor es una entrega total, especialmente si es para nuestra familia.

Podríamos comparar a Marta con las mujeres de la época: todas cocinaban, todas lavaban, todas limpiaban. ¿Cuál era la diferencia? ¡Ella servía para Jesús! Ese era un servicio que expresaba el amor que sentía por Jesús.

No era el deber lo que la llevaba al servicio, sino su amor por Jesús lo que hacía la diferencia.

El evangelio es práctico, lleva a la acción, y la acción se resuelve en servicio al prójimo. El evangelio lleva a servir sin reconocimiento ni remuneración.

Como hijas de Dios podemos servir allí donde estemos: en la oficina o en el autobús, en la universidad o en el mercado, cuando cambiamos pañales o cuando tocamos el violín. El servicio fluye de lo profundo del corazón, y cuando llevamos a Jesús en el corazón, las obras de servicio fluyen naturalmente.

La grandeza de nuestro trabajo tiene la medida de cada una de nosotras.

El mundo mide la grandeza por el número de personas que están a nuestro servicio, Dios la mide por el número de personas a quienes servimos. El servicio fue, es y siempre será un acto de amor.

Esther Méndez de Añamuro, Perú

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

martes, 1 de abril de 2014

La mujer de Timnat

Pero sus padres le dijeron: “¿Acaso no hay ninguna mujer aceptable entre tus parientes, o en todo nuestro pueblo, que tienes que ir a buscar una esposa entre esos filisteos incircuncisos?” Sansón le respondió a su padre: “¡Pídeme a ésa, que es la que a mí me gusta!” Jueces 14:3.

Cuando pensamos en un casamiento, estamos más preocupados con la elección de la corbata que por la futura esposa; desde el punto de vista femenino, diremos vestido de novia, en vez de corbata. Para la ropa, preguntamos y buscamos consejos con decenas de personas, que nos darán sus opiniones y las escucharemos, las tomaremos en cuenta y actuaremos en consonancia con ellas. Si quien habla es un profesional del área, ni discutimos. Acatamos cualquier comentario como si fuera una orden.

Por el contrario, cuando el asunto es tu compañera(o) para toda la vida, la persona que más influencia tendrá “para bien o para mal” en muchos momentos de tu vida, la persona con quien educarás a tus hijos, la opinión de todos los otros seres humanos “con experiencia en el tema, que te quieren, que se preocupan por ti” no importa nada, si no dicen exactamente lo que quieres escuchar. ¿Cuestiones espirituales? Ni pensar. Lo único que interesa son dos palabras: “Me gusta”.

Sansón exige a sus padres (no les pide, ni tampoco les pregunta) tener a “esa mujer” como esposa. Ellos le intentan explicar que no es correcto, que no es lo mejor, que no corresponde… Pero, nada. Él no acepta esos consejos.

Hubiera sido más fácil convencerlo del color de su corbata.

Como un niño malcriado, Sansón no escucha, no acepta consejos ni entiende razones. Simplemente, quiere a esa mujer y la quiere ahora. Los valores espirituales quedan abandonados, detrás del cuerpo que le gusta.

El enigma que Sansón propone (vers. 12, 13) transforma la alegría de la fiesta que organizó en angustia y tensión, muy poco disimuladas. Los invitados (enemigos mortales del novio) presionan a la esposa para que descubra el misterio. Sansón le dice que no se lo va a declarar, que no se lo dijo ni siquiera a sus padres. Así que… ¿por qué se lo diría a ella? ¡Eso es “confianza” de recién casados! Por su parte, ella lo traiciona y lo engaña en menos de una semana.

Obviamente, lo que empieza mal…

Recuerda: cada una de tus elecciones reflejan tu espiritualidad.

365 vidas

Por: Milton Bentancor

El Señor está contigo

“Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero’, y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano”. Génesis 39:2, 3.

Estaba sentada, como todos los días, en mi escritorio de recepcionista en una oficina gubernamental, aprovechando los momentos libres para releer mi libro devocional.

De pronto, ingresó mi jefe, el viceministro, y me preguntó directamente: “¿Qué está leyendo?” Con temor le mostré el libro, esperando alguna reprimenda. Lo hojeó y para sorpresa mía reunió a todo el personal y dio la siguiente orden: “¡A partir de mañana, antes de iniciar las actividades, nos reuniremos para compartir estas lecturas. Si funciona con Delmans, algún bien nos hará tener a Dios de nuestro lado!” De más está decir que el Señor estuvo presente en cada una de esas lecturas y bendijo grandemente nuestra oficina.

Me sentí un poco como el gran José de la Biblia. Para él las bendiciones no eran una sorpresa; él tenía la certeza de que el Señor estaba con él.

¿Cómo lo logró?

José tenía una relación íntima y estable con el Señor, a pesar de que las circunstancias a veces le fueron adversas (Gén. 39:3, 20-23). Si alguien tenía razones para dudar de la compañía de Dios, era José. Atravesar toda clase de dificultades sin culpa alguna era razón suficiente para deprimirse o victimizarse. A José, por el contrario, las pruebas le sirvieron para aferrarse más al Señor.

José era íntegro y diligente donde le tocó vivir o trabajar. Se destacó por hacer lo mejor de su parte, sin excusas. El trabajo de calidad era una característica de su personalidad: con los bienes de Potifar (Gén. 39:6), en los asuntos de la prisión (Gén. 39:22, 23) y administrando los bienes de Egipto (Gén. 41:38-43). Siempre se destacó por su integridad.

Como resultado y por causa de José, el Señor bendijo la casa del egipcio Potifar (Gén. 39:5). Enjosé se hizo realidad la promesa hecha a Abraham: “¡[...] Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra!” (Gén. 12:3).

Hoy, esa promesa también puede ser realidad en tu vida ¿Sabe el Potifar de tu trabajo que el Señor está contigo?

Delmans M. Rodríguez Cruz de Llusco, Bolivia

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER


¿Que Ha Hecho Dios En Tu Vida? ♥

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