lunes, 27 de enero de 2014
Clama y yo responderé
“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. Isaías 65:24.
Era un día invernal. Mi hija Noelia cursaba la enseñanza media en el Instituto Adventista del Uruguay, nuestro colegio con internado. Los menores, Karen y Josué aún estaban en la escuela primaria. Ese día Josué había quedado en cama con un poco de fiebre mientras mi esposo lo cuidaba, pues yo había estado con él el día anterior, y no podía faltar a mi trabajo.
En la mitad de la mañana comenzó a llover torrencialmente y me preocupé mucho ya que Karen, de once años, estaba sola en la calle. Para volver a casa ella debía abordar un ómnibus y luego caminar una decena de cuadras.
Yo estaba en una cirugía y no podía buscar a la pequeña. El estado del tiempo era preocupante. Cada vez que alguien hacía un comentario al respecto, yo temblaba. En tanto pasaban los minutos, los informes meteorológicos eran cada vez peores. Por momentos, al diluvio que se había desatado se sumaba un viento huracanado que impedía caminar y transitar por las calles.
Mi corazón saltaba dentro de mi pecho y no dejaba de sufrir por lo que seguramente estaría viviendo mi niña en el interminable trayecto hacia casa. Comencé a orar para que el Señor ayudara a mi hijita. Momentos después, con angustia de corazón, clamé al Señor: “¡Padre, envía un ángel a socorrer a mi niña!”
Cuando terminó la cirugía, tomé el teléfono y llamé a mi casa, y ella me contó su experiencia: “Mami -me dijo-, la lluvia no me dejaba caminar.
De pronto, el agua comenzó a subir y cubría mis piernas. La fuerza de la corriente era tan grande que me llevaba, hasta que me resbalé y tuve que agarrarme de un árbol. Me puse a orar y le pedí a Jesús que mandara un ángel. De pronto, un auto rojo paró a mi lado y un señor me dijo que subiera, que él me llevaría a mi casa. Yo tuve miedo, pero el señor me tomó y me subió al auto. No habló en todo el camino, tampoco me preguntó dónde era mi casa. Cuando llegamos, me abrió la puerta y me dijo que podía bajar.
Mami -concluyó Karen-, yo creo que era un ángel que el Señor mandó”.
¡Yo también lo creo! Porque en esos momentos había una mamá y una niña angustiadas que “clamaron a su Dios y él respondió; mientras ellas hablaban, él había oído”.
Rosario Perdomo de Larrosa, Uruguay
DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER
Leví
Luego quedó embarazada de nuevo y dio a luz un tercer hijo, al que llamó Leví, porque dijo: “Ahora sí me amará mi esposo, porque le he dado tres hijos”. Génesis 29:34.
Jacob no le dio la primogenitura a Leví porque, desde su punto de vista, era extremadamente violento, igual que Simeón. En razón de este rasgo de carácter, el patriarca -en el momento de las bendiciones finales- no solo no le da la primogenitura a este hijo, sino también profetiza que será dispersado por Israel.
Proféticamente, Leví está destinado a no tener un lugar. Los descendientes de este hijo de Jacob realmente no recibirán heredad; apenas un puñado de ciudades en las que compartirán su realidad con todos sus hermanos.
Lo interesante es que, al llegar a esa dispersión, la tribu de Leví demostró ser la única que se mueve por principios en su vida religiosa. No importaba si Moisés ya llevaba cuarenta días en el monte, no importaba si el resto del pueblo quería ir detrás de “otros dioses”, la tribu no dobló su rodilla delante del becerro.
Y Dios los separa, para que sean sus sacerdotes.
Dios cumple sus profecías, pero no marca a sus hijos. La profecía era dispersar a los levitas. Y los dispersó. Pero, no los marcó como una tribu descendiente de un ser humano violento, sino que todos los que observaban a los levitas pensaban en su sacerdocio y en su lealtad al Señor.
Hace muchos años, escuché la historia de dos hombres que fueron encontrados robando ovejas. En el contexto social en el que se desarrollaba la historia, debían recibir un severo castigo físico. De ese modo, nunca olvidarían su acción.
La solución más indeleble que encontraron fue marcarlos, como al ganado, con los dos términos que los definirían de allí hasta la tumba: ladrones de ovejas.
En inglés es sheep thief. Las iniciales de las palabras (ST) en la frente de cada uno, más allá de la cicatriz y del dolor, los marcaban.
Uno de los muchachos no soportó la situación, y se quitó la vida. El otro entendió su error y vivió intentando ayudar a todos con quienes se cruzaba en el camino de su vida.
El tiempo pasó, y aquel muchacho se hizo abuelo. Una mañana, mientras caminaba por las polvorientas callejuelas del pueblo donde vivía, dos niños jugaban delante de él. Uno de los niños le preguntó al otro:
-¿Sabes qué significan esas letras en la frente del abuelo?
-No; pero debe de ser algo así como “santo”.
DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014
365 vidas
Por: Milton Bentancor
domingo, 26 de enero de 2014
Judá
Tú, Judá, serás alabado por tus hermanos; dominarás a tus enemigos, y tus propios hermanos se inclinarán ante ti. Génesis 49:8.
Es el cuarto hijo de Jacob con Lea, pero es quien recibe las primeras bendiciones de Jacob. Solo José será más encumbrado. Pensándolo desde la biografía, es difícil entender por qué Judá merece tantas bendiciones.
Es un hombre como cualquiera. Él tiene la idea de vender a José.
Se separa de sus hermanos. Se casa con una mujer que no es de su pueblo.
Se acuesta con rameras. No cumple, naturalmente, con sus promesas; lo hace solo cuando es obligado. No, no es un hombre cualquiera; es “un poco peor” que un hombre cualquiera.
Pero Jacob, en un momento de inspiración, lo bendice. La bendición que recibe fue -sin lugar a dudas- dirigida por Dios, puesto que Cristo nacerá de esta tribu. Será tanta la fuerza de la gente de Judá que ellos -casi- solos serán el “reino del sur”, cuando las tribus se dividieran.
Hasta hoy llamamos a los descendientes de Israel como judíos, designación que deriva de Judá. ¿No te parecen demasiados honores para una persona como Judá?
A veces, los caminos de Dios son difíciles de entender. Aquellos que nosotros pensamos que lo merecen, no reciben nada. Aquellos que, desde nuestro punto de vista, deberían ser piadosamente olvidados, son encumbrados.
Recuerda que el encuentro de Esteban con el apóstol Pablo no será la única sorpresa que habrá en el cielo. Hay algo en la vida de Judá que Dios quiere que tengamos.
DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014
365 vidas
Por: Milton Bentancor
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




















