"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

sábado, 16 de agosto de 2014

Los ancianos de Jezreel

Los ancianos y nobles que vivían en esa ciudad acataron lo que Jezabel había ordenado en sus cartas. 

1 Reyes 21:11.

La hipocresía, la mentira y el engaño son cosas que duelen. Y cuando se observan en aquellos que deberían atacar esos males sociales (que lamentablemente podemos encontrarlos entre los cristianos), duelen más.

Los ancianos y los nobles de Jezreel conocían más a Nabot que a la reina; es posible que alguno de ellos fuera vecino, amigo o conocido de Nabot.

El problema es que ellos tenían miedo a Jezabel. Por miedo, actúan de una manera vergonzosa. Por miedo a la reacción de tus amigos; por miedo a la forma en que te tratarán desde ese momento en adelante tus compañeros; por miedo a cómo te mirarán por ser –y actuar– diferente, muchas veces te mimetizas con el ambiente, con la mayoría, con los otros…

Muchas veces, por miedo, actuamos como el camaleón. Si ellos dicen “blanco”, puedo hasta pensar “negro”, pero pronunciaré la palabra “mágica” que me mantendrá en el grupo. El miedo puede más.

Los ancianos y los nobles de Jezreel, y de todas las ciudades de la antigüedad, formaban el grupo más respetado de la población. Organizaron una farsa, mintieron descaradamente, prepararon una traición de la más baja calaña. ¿Cómo habrán podido dormir aquella noche? ¿Qué habrán pensado cuando apoyaron sus cabezas en sus almohadas?

Ellos llamaron a dos sinvergüenzas, a quienes enseñaron las mentiras que debían repetir. Ellos confabularon para asesinar a una persona que era inocente.

En otros aspectos de tu vida, puedes estar actuando igual que los ancianos y que los nobles. Como ellos, puedes estar hipócritamente sentándote en la iglesia. Participas de la Escuela Sabatica, del Culto Joven, de algún conjunto musical o del Club de Conquistadores, y muestras una imagen. Pero a las pocas horas y por determinadas circunstancias, haces como los funcionarios de Jezreel.

Recuerda: “La mayor necesidad del mundo es la de hombres [y mujeres] que no se vendan ni se compren; hombres [y mujeres] que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres [y mujeres] que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres [y mujeres] cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres [y mujeres] que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos” (Elena G. de White, La educación, cap. 7, p. 54).

DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas

Por: Milton Bentancor


Tiempos de prueba

“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. Salmo 73:25.

Deseaba estudiar en la universidad adventista, pero las circunstancias no me lo permitieron. Ingresé a una universidad estatal y el primer año me resultó muy difícil a causa de mi fe. Al parecer, creer en Dios no era una buena carta de presentación en esa casa de estudios. El ambiente me fue extraño desde el principio. Cuando terminaba la clase, todos salían a fumar al patio, se conocían y conversaban. Yo no tenía una comunicación fácil ni compartía sus hábitos y conversaciones, por eso me alejaba del grupo y me dirigía al aula de la siguiente clase.

Después vinieron las fiestas, en las cuales yo tampoco participaba. Poco a poco dejaron de hablarme y nadie quería viajar conmigo en el auto cuando íbamos al campus anexo. Me sentí aislada, sola. Más difícil se tornó la situación cuando empezaron las clases y exámenes los sábados. Hablé con mis profesores, ateos en su mayoría, para encontrar una salida y estar libre las horas de sábado, pero solo se burlaron de mi fe en Dios y mis convicciones sin darme ninguna solución. Entregué todo a Dios, en especial la preocupación que tenía de atrasar la carrera, pues para mi padre resultaría muy difícil pagar los aranceles. Pasaron los meses y se acercaban los exámenes finales. Entonces, Dios hizo el milagro. Pude rendir los exámenes en otros días, y pronto algunos compañeros comenzaron a valorarme por ser diferente y creer en Dios. Me convertí en su consejera y terminaron buscándome para contarme sus problemas o desahogarse.

Apenas terminé la carrera, Dios me permitió encontrar trabajo en la misma universidad. A esa altura ya tenía el respeto y la admiración de mis profesores, y era muy solicitada por ellos para trabajar en ayudantías de sus clases y en proyectos de investigación.

Querida amiga, esta experiencia de mis años de universidad me hizo reflexionar en el Salmo 73:25: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. Somos peregrinas en este mundo. Estamos solo de paso. ¿Qué puede haber más importante que ser fiel a nuestro Dios, testificar acerca de su nombre y prepararnos para vivir con él por la eternidad?

Noemí Ríos, Chile

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER


domingo, 3 de agosto de 2014

¿Nuestras palabras deben agradar a Dios?

Está en la Biblia, Salmo 19:14, “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Las palabras son tan poderosas que muchas veces el silencio es el mejor curso de acción. Está en la Biblia, Proverbios 13:3, “El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad”.
Nuestras palabras revelan lo que hay en nuestro corazón. Está en la Biblia, Mateo 12:34, “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.
Nuestras palabras son importantes porque representamos a Cristo. Está en la Biblia, Colosenses 4:6, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.
¿Qué debe caracterizar las palabras que hablamos? Está en la Biblia, Efesios 5:4, “Ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracia”.
Nuestras palabras pueden ayudar a otros en sus vidas. Está en la Biblia, Proverbios 25:11, “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”.
Uno de los mandamientos prohíbe el mal uso del nombre de Dios. Está en la Biblia, Éxodo 20:7, “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.

Cuidado con Juzgar

Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás.Mateo 7:2
Juzgas a los demás, ten cuidado, Jesús en las escrituras lo advirtió. Con la medida que midas a otros serás medido,  ¿Cuántas veces por tener informaciones incompletas has juzgado y condenado injustamente? Refleja hoy un caracter de amor…

¿Qué hace valiosa la vida humana?

Los seres humanos son hechos a la imagen de Dios. Está en la Biblia, Génesis 9:6, “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”.
Cada momento de la vida es un don de Dios. Está en la Biblia, Salmo 39:4, “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy”.
Vivir la vida a la luz de la eternidad la hace más valiosa. Está en la Biblia, Salmo 90:12, “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”.
Vivir desinteresadamente por el evangelio hace la vida más valiosa. Está en la Biblia, Marcos 8:35, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”.
La vida espiritual es una vida de sacrificio propio. Está en la Biblia, Lucas 9:25, “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?”
La vida espiritual significa vivir en compañerismo con Cristo y esta vida sólo puede ser hallada en él. Está en la Biblia, Romanos 6:5-7, “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado”. Juan 14:6, “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.


¿Que Ha Hecho Dios En Tu Vida? ♥

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