sábado, 16 de agosto de 2014
Tiempos de prueba
“¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. Salmo 73:25.
Deseaba estudiar en la universidad adventista, pero las circunstancias no me lo permitieron. Ingresé a una universidad estatal y el primer año me resultó muy difícil a causa de mi fe. Al parecer, creer en Dios no era una buena carta de presentación en esa casa de estudios. El ambiente me fue extraño desde el principio. Cuando terminaba la clase, todos salían a fumar al patio, se conocían y conversaban. Yo no tenía una comunicación fácil ni compartía sus hábitos y conversaciones, por eso me alejaba del grupo y me dirigía al aula de la siguiente clase.
Después vinieron las fiestas, en las cuales yo tampoco participaba. Poco a poco dejaron de hablarme y nadie quería viajar conmigo en el auto cuando íbamos al campus anexo. Me sentí aislada, sola. Más difícil se tornó la situación cuando empezaron las clases y exámenes los sábados. Hablé con mis profesores, ateos en su mayoría, para encontrar una salida y estar libre las horas de sábado, pero solo se burlaron de mi fe en Dios y mis convicciones sin darme ninguna solución. Entregué todo a Dios, en especial la preocupación que tenía de atrasar la carrera, pues para mi padre resultaría muy difícil pagar los aranceles. Pasaron los meses y se acercaban los exámenes finales. Entonces, Dios hizo el milagro. Pude rendir los exámenes en otros días, y pronto algunos compañeros comenzaron a valorarme por ser diferente y creer en Dios. Me convertí en su consejera y terminaron buscándome para contarme sus problemas o desahogarse.
Apenas terminé la carrera, Dios me permitió encontrar trabajo en la misma universidad. A esa altura ya tenía el respeto y la admiración de mis profesores, y era muy solicitada por ellos para trabajar en ayudantías de sus clases y en proyectos de investigación.
Querida amiga, esta experiencia de mis años de universidad me hizo reflexionar en el Salmo 73:25: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. Somos peregrinas en este mundo. Estamos solo de paso. ¿Qué puede haber más importante que ser fiel a nuestro Dios, testificar acerca de su nombre y prepararnos para vivir con él por la eternidad?
Noemí Ríos, Chile
DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014
DE MUJER A MUJER
domingo, 3 de agosto de 2014
¿Nuestras palabras deben agradar a Dios?
Está en la Biblia, Salmo 19:14, “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Las palabras son tan poderosas que muchas veces el silencio es el mejor curso de acción. Está en la Biblia, Proverbios 13:3, “El que guarda su boca guarda su alma; mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad”.
Nuestras palabras revelan lo que hay en nuestro corazón. Está en la Biblia, Mateo 12:34, “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.
Nuestras palabras son importantes porque representamos a Cristo. Está en la Biblia, Colosenses 4:6, “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.
¿Qué debe caracterizar las palabras que hablamos? Está en la Biblia, Efesios 5:4, “Ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracia”.
Nuestras palabras pueden ayudar a otros en sus vidas. Está en la Biblia, Proverbios 25:11, “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”.
Uno de los mandamientos prohíbe el mal uso del nombre de Dios. Está en la Biblia, Éxodo 20:7, “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.

Cuidado con Juzgar
Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás.Mateo 7:2
Juzgas a los demás, ten cuidado, Jesús en las escrituras lo advirtió. Con la medida que midas a otros serás medido, ¿Cuántas veces por tener informaciones incompletas has juzgado y condenado injustamente? Refleja hoy un caracter de amor…

¿Qué hace valiosa la vida humana?
Los seres humanos son hechos a la imagen de Dios. Está en la Biblia, Génesis 9:6, “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre”.
Cada momento de la vida es un don de Dios. Está en la Biblia, Salmo 39:4, “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy”.
Vivir la vida a la luz de la eternidad la hace más valiosa. Está en la Biblia, Salmo 90:12, “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”.
Vivir desinteresadamente por el evangelio hace la vida más valiosa. Está en la Biblia, Marcos 8:35, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”.
La vida espiritual es una vida de sacrificio propio. Está en la Biblia, Lucas 9:25, “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?”
La vida espiritual significa vivir en compañerismo con Cristo y esta vida sólo puede ser hallada en él. Está en la Biblia, Romanos 6:5-7, “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado”. Juan 14:6, “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.
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