"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

domingo, 9 de marzo de 2014

Reflexión: La gente del balcón

«Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes y por los dones inmerecidos que les dio ahora que pertenecen a Cristo Jesús. [...] Eso confirma que es verdad lo que les dije acerca de Cristo» (1 Corintios 1: 4, 6, NTV).


Katy se quedó atónita cuando se enteró de que había quedado entre los ganadores del concurso de oratoria. Había obtenido el segundo lugar, y un premio de veinticinco dólares. Aún no lo podía creer. Su rostro tímido e inseguro resplandecía cuando la señora Gibbs, uno de los jueces, se acercó a hablar con ella. «Katy — le dijo—, eres muy talentosa. Estoy segura de que algún día escucharé grandes cosas de ti».

Katy no sabe si la señora Gibbs volvió ese día a pensar en las alentadoras palabras que le había dicho, pero para ella esas palabras se convirtieron en un verdadero tesoro. Años después, a pesar de que la señora Gibbs ya no estaba viva para verla, Katy regresó a la academia en ocasión del vigésimo quinto reencuentro de egresados, convertida en una reconocida autora. ¿Habría logrado el éxito si la señora Gibbs no se hubiera tomado el tiempo de motivarla?

Quién sabe. Lo que sí sé es que la señora Gibbs marcó la diferencia en la vida de esta joven. Lo sé porque Katy, soy yo.

Esta mujer se convirtió en una de las «personas del balcón» favoritas de Katy. La gente del balcón es aquella que se toma el tiempo para animarte y recordarte lo especial que eres. Yo no creé el término gente del balcón. El término es autoría de Joyce Landorf otra escritora. Ella dice que hay dos clases de personas en el mundo: la gente del balcón, y la gente del sótano. Una persona del balcón es aquella que te apoya y te alienta a seguir adelante, y que te anima a intentarlo de nuevo cuando cometes un error. Es la persona que te entusiasma en lugar de desanimarte. Es la que te dice: «¡Vamos, tú puedes hacerlo!».

Jesús era esa clase de persona. El no regañaba a la gente por sus pecados, sino que les decía: «Vete y no peques más». Así era la señora Gibbs, y es la clase de persona que yo quiero ser. ¿Y tú?


EN LA CIMA

Por: Kay D. Rizzo

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