"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

viernes, 25 de abril de 2014

Hijos espías (parte 1)

“El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos Deuteronomio 33:27.

Era casi medianoche.

Como todos los días, sentí pasos sigilosos que se acercaron a la puerta, que se abrió y fue cuidadosamente cerrada. Como siempre, fingí estar dormida.

Mamá se aseguraba de que dormíamos para salir de casa. Yo nunca sabía adonde iba ni a qué hora regresaba.

Por un buen tiempo, mi espíritu investigador consiguió esperar unas horas, pero el sueño, el cansancio o el mismo frío terminaban por vencerme.

Ese día estaba decidida a espiar las extrañas salidas nocturnas de mamá.

Después de unos minutos, la lluvia comenzó a caer copiosamente sobre las viejas chapas de zinc, que emitían un ruido feroz. Fue entonces cuando desperté a uno de mis hermanos y le confesé el secreto que guardaba desde hacía tiempo. “Mamá sale de noche -le dije-, salgamos a buscarla y ver qué hace y adonde va”.

Nos pusimos ropa de lluvia y salimos. Miramos alrededor del patio y no vimos nada. Fuimos a la calle, miramos en ambos sentidos, tratando de identificar su particular silueta, cuyo caminar podíamos advertir sin problemas pues la desigualdad de sus piernas le exigía un vaivén a cada paso. No vimos nada y un poco chasqueados, regresamos.

De pronto, observamos una tenue luz en medio del potrero que lindaba con nuestra casa. Nos acercamos con gran temor, sin hacer caso de la lluvia.

Había un bulto amarillo junto a la luz de una lámpara que terminó por apagarse. Bajo el bulto se advertían grandes y toscas botas para el agua.

¡Eran las botas de mamá! Corrimos hacia ella y la abrazamos llorando. Un piloto amarillo cubría su delgado y frágil cuerpo. Le preguntamos el motivo de sus “escapadas”, y porqué se estaba mojando. Nos abrazó fuertemente y nos explicó que “su día a día era muy difícil de enfrentar”. Nos dijo que ese lugar era el refugio donde encontraba fuerzas, y el santuario donde podía hablar con “su Padre celestial”. Fue entonces cuando descubrimos que sus salidas eran para orar e interceder por nosotros. Pedía fortaleza y sabiduría para guiarnos.

Nunca más espiamos a mamá, pero sí descubrimos que cada jueves ayunaba por nosotros, ejemplo que sigo hasta hoy en mi propia vida.

Sissi Alvarado de De la Fuente, Chile

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

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