"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

lunes, 28 de abril de 2014

Inmediata respuesta de Dios

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”. Salmo 23:4.

Mientras estudiaba  la Maestría en Terapia Familiar, recibí una invitación de la directora del Ministerio de la Mujer de la Unión para dar unos seminarios en Bagua, Amazonas. Feliz, inicié mi viaje hasta Chiclayo, para luego abordar otro ómnibus hasta Bagua. El viaje se presentaba tranquilo y el clima, algo fresco, hizo que me quedara dormida después de haber orado.

Aproximadamente a las 2:10, cuando faltaba una hora y media para llegar a Bagua, en un tramo de la carretera donde no había asfalto, escuché varios impactos de bala y voces desesperadas que provenían de los pasajeros del ómnibus en el que viajaba. Algunos le pedían al conductor que no se detuviera, otros le pedían que acelerara, otros le rogaban que parara, pero todos gritaban asustados. Mi reacción inmediata fue orar: “¡Dios, ayúdanos por favor!” Viajaba en compañía de mis dos hermanas y ellas hicieron lo mismo. Vivimos momentos de angustia y escuchar el zumbido de las balas nos produjo terror. Llegué a pensar que moriríamos allí.

El chofer no paró, aceleró y nos alejamos de la balacera. Los minutos vividos parecieron horas hasta llegar al puesto de policía, que estaba a veinte minutos de allí.

Al abrir las cortinas de la ventanilla que correspondía a mi asiento, vi con sorpresa que una de las balas había dejado un agujero, los vidrios estaban hechos trizas y la persona que iba a mi lado tenía astillas de vidrio hasta en los oídos. Al bajar, observé otros dos impactos de bala en la ventanilla delantera, junto al asiento del chofer, que estaba vivo e ileso, pero muy nervioso. Al ver que Dios nos había librado de una muerte segura, elevé una oración de agradecimiento.

La policía, al hacer la inspección y comprobar que no había ningún herido, dijo que no se explicaba adonde habían ido esas balas que perforaron los vidrios de las ventanillas. Para nosotras estaba claro, Dios había hecho realidad su promesa: “No temerás [...] mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará” (Sal. 91:6, 7). Nuestro Dios es infinitamente fiel y cumplirá todas sus promesas.

Magua de Cruz, Perú

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

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