"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

martes, 6 de mayo de 2014

El matrimonio cristiano

“Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Eclesiastés 4:12.

Han pasado 25 años del día de nuestra boda. Ambos somos los hijos menores de nuestras respectivas familias. ¡Cuánto debimos aprender y cuánto debimos perdonar! Siempre pensé casarme con un joven cristiano, que amara a Dios, y ese es uno de los secretos de mi felicidad. Ambos crecimos en la amistad, la confianza y el amor.

Nos conocimos en un campamento de jóvenes, y fue algo así como amor a primera vista. Ambos tocábamos la guitarra y un día, a la sombra de un arbusto, mientras él tocaba la guitarra yo cantaba.

¡Cuánto me gustaba su sonrisa, su mirada tierna, su cordialidad y su hermosa voz! Nuestros primeros años de matrimonio no fueron fáciles.

Cuando las cosas salían mal, el Señor con su bondad y gran misericordia mantuvo nuestro hogar unido. De esa unión nacieron nuestros tres hijos.

Doy gracias a Dios diariamente por ellos.

Por momentos, las tormentas de la vida nos azotaron y el embate fue fuerte; pero poderoso es el Señor que nos permitió siempre estar unidos y firmes, a pesar de todo. Al ver muchos jóvenes de hoy sin valores morales y espirituales, siento una profunda pena y a la vez un gozoso agradecimiento por mis hijos.

Cuando Dios hizo al hombre, reflexionó: “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él” (Gén. 2:18). Juntos podrían alcanzar metas, fortalecer la sociedad y los valores humanos.

Salomón destaca el beneficio del matrimonio: “Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro.

¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!” (Ecl. 4:9-12, NVI).

La cuerda de tres hilos la forman los cónyuges y el Señor. Es la única manera de que el matrimonio pueda resistir los embates del enemigo.

Querida amiga, si aún no te has casado, busca a tu pareja bajo el consejo del Señor, y si estás casada, tejan ambos con Dios una “cuerda de tres hilos” para que tu matrimonio dure para siempre y tus retoños sean felices.

Lucy Carmona, Argentina

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

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