"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

lunes, 6 de enero de 2014

Angeles

“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos”. Salmo 91:11.


Era una hermosa tarde de verano en Lima y celebrábamos en familia, y con mucha algarabía, los quince años de mi primogénita. Al terminar, decidimos ir a un centro comercial para saborear algunos helados. Se unió mi hermana y su familia, y pasamos momentos muy felices.

Eran las 18:30 cuando decidimos volver a casa. Pedimos a un taxista que nos llevara, y nos contestó:

-No voy a ese lugar.

-Entonces, ¿puede llevarnos a Ñaña? -sugerimos.

-¡Claro! -respondió.

Ñaña, dista casi 40 kilómetros de Lima. De pronto, el chofer manifestó actitudes sospechosas. Me puse a orar silenciosamente. Nos dijo que cargaría gas en su vehículo, y nos llevó por lugares oscuros y despoblados hasta una estación de servicio solitaria. Allí intentó volver, cuando le dije:

-¡Hey! ¿Adónde nos lleva? Aquí está la estación de servicio. ¿Adónde va? Dio la vuelta, y en lugar de cargar gas, como nos había dicho, le puso nafta al auto. No entendimos. Salimos de allí y siguió el camino lentamente.

Se pegó a la vereda encendiendo y apagando la luz. Parecía llamar a alguien. Mi corazón latía aceleradamente y empecé a hablarle de Dios, de su familia, de la responsabilidad con sus hijos… Yo estaba muy asustada.

Hacía una semana que habíamos vendido nuestro auto y depositado el dinero en el banco, y llevábamos con nosotros la tarjeta de crédito. Temblábamos por nuestras vidas y porque si nos arrebataba la tarjeta podíamos perder nuestro dinero. Por esos lugares no había cómo dar aviso a la policía ni hacer la denuncia. Tuve mucho miedo.

De pronto, el chofer entró en la carretera principal. Sentimos un gran alivio, pero nos dijo:

—Tienen que bajarse aquí. No los puedo llevar hasta su destino. Bajen y que alguien los ayude.

Cuando bajamos del auto, tres sujetos se encontraban junto a la carretera.

Lo estaban esperando; les hizo señas con la mano izquierda en forma negativa y nos dejaron libres. Estos hombres eran sus cómplices, pero estoy segura de que Dios envió su ejército de ángeles para impedir que nos hicieran daño.

Si se lo pides, el Señor enviará a sus ángeles para que te cuiden, y su mano no te soltará jamás.

Edita Terrones L . de Sotomayor, Perú

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER 2014

DE MUJER A MUJER

Recopilado por: Pilar Calle de Henger

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