"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

domingo, 1 de septiembre de 2013

No Pierdas la Fe

Pero nosotros no somos de los que se vuelven por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida (Hebreos 10: 39).


Viktor Frankl cuenta la historia de un prisionero que perdió la fe y la esperanza: «El prisionero que perdía la fe en el futuro estaba condenado. Con la quiebra de la confianza en el futuro faltaban las fuerzas del asidero espiritual; el prisionero se abandonaba y decaía, se convertía en sujeto del aniquilamiento físico y mental. Normalmente esto se producía de repente, en forma de crisis, cuyos síntomas resultaban familiares para el prisionero experimentado.
»Una vez fui testigo de la pérdida de la fe en el futuro y el peligro de darse por vencido. F., el jefe de mi barracón, compositor y libretista famoso, me confió un día:
—Me gustaría contarle algo doctor. He tenido un extraño sueño. Una voz me invitaba a desear cualquier cosa, bastaba con preguntar lo que quería saber y mis preguntas serian respondidas de inmediato. ¿Sabe qué pregunté? Cuándo terminaría la guerra para mí. Ya sabe lo que quiero decir, doctor, ¡para mí! Conocer cuándo seríamos liberados de este campo y cuándo terminarían nuestros sufrimientos.
— ¿y cuándo tuvo usted ese sueño? —le pregunté:
—En febrero de 1945 —contestó.
Por entonces estábamos a principios de marzo.
— ¿Qué respondió la voz en su sueño?
En voz baja, casi furtivamente, me susurró:
—El treinta de marzo.
»Cuando E me contó aquel sueño todavía se encontraba rebosante de esperanza y convencido de la veracidad del oráculo de la voz. Sin embargo, a medida que se acercaba el día prometido, las noticias que recibíamos sobre la guerra menguaban las esperanzas de ser liberados en la fecha indicada. El 29 de marzo, de repente, E cayó enfermo con una fiebre muy alta. El 30 de marzo, el día en que según su profecía terminaría la guerra y el sufrimiento para él, empezó a delirar, y perdió la conciencia. El 31 de marzo falleció».
Los cristianos han salido vencedores en situaciones que no ofrecían ninguna esperanza humana, porque la fe en Dios y sus promesas les daba valor para afrontar todos los dolores y sufrimientos. Cuán ciertas son las palabras del apóstol: «Nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida» (Heb. 10: 39).
Si sufres por cualquier causa, cobra ánimo con estas palabras. El cristiano es más que vencedor porque su fe está firme en Dios. ¡No pierdas la confianza en Dios!

Tomado de: Meditaciones Matinales para Jóvenes 2013
“¿Sabías qué…?”
Por: Félix H. Cortéz

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