"Deléitate en el Señor, y el te concederá los deseos de tu Corazón". Salmo 37:4

lunes, 28 de octubre de 2013

Los días Nublados

LAS PROFUNDIDADES DE DIOS - [b]“Navega mar adentro y echad vuestras redes para pescar” (Lucas 5:4). Los discípulos habían estado pescando la noche anterior sin ningún resultado. Pero al día siguiente Jesús los anima a llevar las barcas al fondo del mar, donde había mayor profundidad. Les manda echar las redes para pescar. Estas redes ya habían sido lavadas (vs.1), sin embargo Simón paga el costo de obedecer a Jesús en contra de toda lógica humana, “en tu palabra echaré la red”. [i]La fe es respuesta a Dios, la obediencia se debe materializar en conductas concretas. [u]“Y habiéndolo hecho encerraron gran cantidad de peces”.[/u] [/i] Fue recién que obedecieron a Jesús con una acción humana que vieron el milagro de Dios. El mundo dice: Si veo, creo (se maneja por los sentidos naturales). Jesús nos dice “Si cree, verás la gloria de Dios” (se maneja a un nivel sobrenatural). A muchos les cuesta meterse en las profundidades de Dios; se quedan en la orilla del mar, allí todo es más seguro. Algunos se animan a mojarse un poco los pies en el río de Dios, otros más audaces se introducen hasta las rodillas, otros hasta la cintura o aún los hombros, pero son pocos los que se sumergen completamente, dejando que el fluir de Dios los lleve por donde El quiera. Las profundidades nos asustan, no podemos hacer pie, perdemos nuestra seguridad. Así quiere Dios que sea nuestra experiencia espiritual. Que tengamos fe en El, no en nuestras convicciones. Si los discípulos se hubieran quedado en tierra o a la orilla del mar, no hubieran visto el obrar milagroso de Dios. Si hubieran obrado con su experiencia de pescadores, no hubieran echado otra vez las redes al mar, sin embargo obedecieron la palabra de Jesús y el milagro se produjo. Deja la superficialidad espiritual y comienza a sumergirte en las profundidades de Dios, vas a ver cosas grandes y ocultas que nunca conociste antes. [/b] http://www.reyderedes.com/index.php/Articulos-Recomendados/las-profundidades-de-dios.html - FotologCristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.
¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Romanos 8:34-35
El cielo estaba gris. La lluvia habla caído intensamente durante dos días sin parar. Llegué al aeropuerto y miré hacia las nubes; pensé que el despegue del avión no iba a ser fácil, y así sucedió. La aeronave se estremecía por completo mientras trataba de superar el manto de nubes. De pronto, el cielo se iluminó.
¡Estaba despejado y azul! El sol brillaba con todo su esplendor. Me sentí tranquila y di gracias a Dios porque había estado conmigo. Confieso que volar es una experiencia que me agrada muy poco.
Aquella mañana aprendí una lección fundamental, sencilla aunque profunda, y es que el sol nunca deja de brillar; solo que a veces las nubes grises impiden que lo veamos. Es verdad también que los problemas de la vida son semejantes a negros nubarrones que nos impiden ver la luz de la esperanza.
De cuando en vez, todos los seres humanos pasamos por tribulaciones y pruebas, y no podemos ver que más allá de dichas tensiones nos espera un futuro glorioso. Cuando subí al avión, lo hice a pesar de mi temor a las turbulencias, ya que deseaba llegar a mi destino lo antes posible. El apóstol Santiago, cuando tocó este tema, escribió en su Carta: “Considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia” (Sant. 1:2).
Dios desea terminar su obra en nosotras. Anhela llevarnos a su hogar, que es también el nuestro. Mientras la nube de problemas se disipa, repitamos llenas de fe y de confianza: “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas” (Sal. 46:1-2).
Amiga, ¿cómo está tu cielo hoy? Si el sol brilla, disfrútalo al máximo en compañía de Dios y de tus seres amados. Pero si permanece gris y no puedes ver la luz, espera y confía. El Señor abrirá pronto tu cielo y la luz de su gracia te alumbrará.

LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER

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